y ahora qué / ocultar la garrote / ladrones voladores
el pastorcito mentiroso
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por Diego Genoud /

Las encuestas dicen que es Superman en pleno vuelo. Opera en los medios con amistades, rosquea en el peronismo con histeria y diseña su modelo de país rico en la Miami del conurbano. La seguridad en un distrito que cedió el sesenta por ciento de su territorio a los barrrios privados. Hipótesis que la coyuntura que gobierna Sergio Massa se puede tragar.

S ergio Massa es un halcón que juega a las escondidas. Con 41 años recién cumplidos, encarna un tipo de alquimia que puede ser parte fundamental del poskirchnerismo. Es un político astuto, joven, fashion, bastante conocido y cursó su secundario en la escuela técnica del peronismo.

Massa es el dueño de una sonrisa de plastilina que bien podría recordar a la de Carlos Ruckauf, el joven ministro de Isabel que fue gobernador. Opera en los medios con encuestas y amistades, rosquea en el peronismo con histeria y diseña su modelo de país rico en el municipio de Tigre, la Miami del conurbano, como le gusta que la llamen. Cobija además, por si hace falta, asesores que trabajaron para Ruckauf. Aunque es más pillo.

Sergio tiene algo que a muchos se le acaba: tiempo. Porque es joven y porque en el camino al 2015 puede sentarse a ver cómo la coyuntura se traga a los que quieren ser sus rivales. Mientras, con muy poco puede aparecer en los medios cuando se lo proponga y atraer voluntades que no saben en qué alero de la política refugiarse.

Massa viaja a Miami para ver la maqueta de su futuro en el Lear Jet 60 del Banco Macro. Jorge Brito –al que frecuenta desde que manejaba la Anses– es uno de sus amigos valiosos: conoce la intimidad del kirchnerismo y fue sancionado por desleal.

Massa es el apellido que, desde un municipio con vecinos distinguidos, comienza ya a disputar con Daniel Scioli y Mauricio Macri la interpretación de la política sin los Kirchner. Y como Scioli, no se va del kirchnerismo todavía porque le teme al espectro de su fundador, a la venganza innecesaria de los que se quedan con Cristina.

Massita arrancó 2013 con una fabulosa campaña de instalación mediática que lo ubicó, muy rápido, entre los aspirantes a la carrera presidencial. Encargó encuestas a consultoras que no trabajan para la Casa Rosada y empezó a llamar a periodistas amigos que tienen peso y horas en la pantalla de televisión, en las radios y en los grandes diarios. Sergio habla con ellos, les hace chistes, los invita a comer asado a su casa, a jugar al fútbol en las canchas de Almeyda en Benavídez, a ver los partidos de Tigre. De copado que es. Muchos estuvieron, a fines de 2012, en la exhibición de Federer y Del Potro en Trilenium que organizó el empresario Guillermo Maron. Como los fiscales anticorrupción Carlos Stornelli y Guillermo Marijuan. Como Sebastián Eskenazi, el que se creyó dueño y se creyó petrolero.

La ansiedad propia y la orfandad ajena lo lleva a amagar desde hace rato que va a romper con el gobierno y abrir una franja de aire puro para el peronismo antikirchnerista. Pero ya van dos veces que no, y corre riesgo de ser el pastorcito mentiroso del conurbano. El peronismo herido lo aguarda con los brazos abiertos. Y con las pelotas llenas.

Una mañana de 2013, el Negro González Oro no aguantó más. Y lo cruzó al aire con Scioli en la radio kirchnerista más escuchada. “Scioli presidente, Massa gobernador” los despidió. “Oscar, no es momento. No me gusta ser un hipócrita pero no me gusta tampoco que la política sea un Juego de la Oca, donde uno está en un casillero y está pensando cómo salta al que sigue”. Sergio está pensando hace rato cómo salta. Busca el terreno no inundable desde el cual pisar firme antes de brincar. ¿Pueden ser los humedales de Tigre?

Hugo Haime y Jorge Giacobbe lo dan 25 puntos arriba de Alicia Kirchner y Francisco De Narváez, y le asignan una imagen positiva que lleva a pensar que es el político más querido del país. Massa tiene un alto nivel de conocimiento. Su paso de cinco años por la ANSES lo convirtió en una cara angelical para los jubilados y un contacto interesante para los gobernadores. Entre 2002 y 2007, Sergio vio de cerca como Néstor Kirchner recibía a los intendentes de la provincia de Buenos Aires y cómo destrataba a los funcionarios de su gabinete.

Entendió enseguida la necesidad de contar con peso territorial para no andar de prestado en la era del kirchnerismo. Buscó, eso sí, un distrito a su imagen y semejanza. Eligió Tigre y no San Martín, el partido en el que nació y en el que se inició a caballo de la Ucedé y el peronismo de Barrionuevo. Sólo se desvió de ese objetivo cuando Alberto Fernández se fue eyectado del gabinete, en medio del conflicto con el campo. A Sergio lo llamaron a Olivos para ofrecerle el mango de la sartén que más hervía. Hay que reconocer que aceptó. Y que se equivocó. Era un momento en el que no alcanzaba con sonreír. Los amigos de Kirchner dicen que siempre le desconfió y que Cristina lo promovía. Le molestaban sus formas y sus aptitudes para la traición, bastante antes de WikiLeaks.

Los jefes de gabinete que vinieron después todavía recuerdan la lección 1 que dejó Massa: no aparecer en la revista Gente hablando boludeces. Aníbal Fernández se cuidaba de eso mucho más que de cualquier otra cosa. Antes de Massa, Kirchner llamaba a Alberto “Paladino” Fernández, por aquel delegado de Perón que se dio vuelta y terminó haciendo de representante de Lanusse ante El viejo. En 2008, Kirchner se ponía en el lugar de Perón y le daba a Magnetto el de Lanusse. En cambio, Massa fue –ya unos días después de asumir– , “Rendito”, el hijo astuto y entrador de Jorge Rendo. Sergio mismo te lo cuenta y se ríe. Sergio mismo se lo debe haber contado a Rendo.

Desde que Néstor murió, Cristina y Sergio se miran de reojo. Ella lo bancó hasta que algo –que no nos queda claro– pasó. Puede haber sido Boudou, el pibe de Mar del Plata que Massa llevó a la Anses. O WikiLeaks. O todo. Massa tiene todo para ser gobernador en 2015 pero dice que quiere ser Presidente. Lo ayudaría que la Presidenta y el gobernador apresuren un enfrentamiento que los saque de alguna manera a los dos de la cancha: el escenario servido con el que Sergio se frota las manos mientras mira las pantallas gigantes de su despacho en la avenida Cazón. Ahora ya no parece que se dé. Por eso –arriesgamos como nos enseña Mardones– Sergio se fue a boxes.

Mientras tanto, la política es hacerse ver. Generar shows de trascendencia mundial, como cuando quiso traer la Fórmula 1 en 2009 siendo jefe de Gabinete. Además, convertir a Tigre en un municipio rediseñado en torno a pautas de neovigilancia y profundizar a un ritmo vertiginoso la transformación inmobiliaria para que el país empresario vuelva a confiar en un peronista. A Macri todo le cuesta más. Papelones, procesamientos y demasiada bala metropolitana.

un territorio que vende

Tigre es otro lugar en el que los terrenos dispararon sus precios en los últimos 20 años, en sincronía con la explosión de los barrios cerrados. Nordelta, Santa Bárbara, Isla del Sol, La Escondida, Los Álamos, Jacarandá, comenzaron a instalarse en Rincón de Milberg cuando el precio del metro cuadrado oscilaba entre 1 y 3 dólares, a principios de los noventa. Ya en 2005, la escala variaba entre 25 y 250 dólares. Compraron terrenos inundables a muy bajo costo en una época en la que se consolida un rediseño del espacio urbano. Grupos financieros que participan de operaciones inmobiliarias con el aval del Estado y junto a las concesiones de las autopistas en la zona y a obras de infraestructura importantes. El Estado en Tigre –imposible olvidarlo- fue durante 30 años Ricardo Ubieto, el intendente que inició su gestión al final de la dictadura y gobernó hasta morirse, a fines de 2006. En la década del noventa, los emprendimientos inmobiliarios crecieron un 180 por ciento y los asentamientos un 132 por ciento. Lo explica bien el arquitecto y profesor de la UNGS Juan Lombardo en un libro que se llama “La construcción de la ciudad. El caso de la Región Metropolitana”.

Massa quizás no haya leído el libro pero tuvo la suerte de conocer a Jorge O’Reilly durante un festival, justamente en los noventa y en Rincón de Milberg. El que los presentó fue Horacio Rodríguez Larreta. Egresado del Colegio Cardenal Newman, ex jugador de rugby y descendiente de Lanusse, O’Reilly ahora tiene 44 años y más de veinte countries en Tigre pero se acuerda bien de aquella tarde en la que cantaba con su grupo Los Isleños y Horacio lo acercó a Sergio. Aunque su apellido no es popular como el de Massa en la zona norte, su creación Emprendimientos Inmobiliarios de Interés Común (EIDICO) está en todos lados.

Eidico debutó hace más de quince años con Santa María de Tigre y no paró de crecer. Construyó Santa Bárbara en 241 hectáreas usurpadas al Estado por Telecom, y Santa Catalina, sin habilitación municipal, en 126 hectáreas con salida directa al río Luján a través del canal Villanueva. La factibilidad de Santa Catalina fue otorgada por la gestión Massa varios años después que el barrio estuviera construido.

Más tarde vinieron Altamira, El Encuentro y los once barrios santos del complejo náutico Villa Nueva: Santa Catalina, San Agustín, San Benito, Santa Clara, San Francisco, San Gabriel, San Isidro Labrador, San Juan, San Marco, San Rafael, Santa Teresa. O’Reilly es católico de los de Ratzinger y pertenece a una familia de linaje, pero sobre todo es un desarrollador inmobiliario que construye barrios privados en zonas inundables. Según un trabajo del ambientalista Ricardo Barbieri, San Isidro Labrador, Santa Catalina, Santa Clara, San Agustín y Santa Teresa se abrieron a la construcción edilicia sin hacer las obras de infraestructura mínimas que exige la ley.

Pese a que no tenía antecedentes en política, en 2009 Massa llevó al dueño de Eidico a la jefatura de Gabinete como asesor ad honorem, y su nombre llegó a sonar fuerte para la embajada en el Vaticano. O’Reilly le recomendaba al Gobierno que estableciera un vínculo institucional con el nuncio Bernardini y deje de lado al cardenal Bergoglio porque, decía, hace “política partidaria”. Massa y O’Reilly se fueron del gobierno pero eso fue lo que decidió hacer Cristina hasta que Bergoglio fue Francisco. Es historia. “Soy un cretino como todos” me dijo O’Reilly otra tarde en un bar que está a metros del despacho que Sergio tenía en la Casa Rosada. Después matizó: “No tengo muertos en el ropero. Si querés pensá que no tuve tiempo, pero no los tengo”.

Massa y O’Reilly son parte de una generación que todavía no logra plasmar como quisiera su modelo de sociedad, pero que en esta década hizo mucho. O’Reilly cuenta que la confianza es tanta, que en vida de Ubieto, Sergio lo citó a la ANSES para proponerle que fuera su candidato a intendente en Tigre.

De la cantera de Eidico surgieron también funcionarios como Pablo Dameno, el actual subsecretario de Obras y Planeamiento Urbano. La desarrolladora inmobiliaria enfrenta denuncias en distintas provincias. En Tigre, la piedra en el zapato es Punta Querandí, donde un amparo que presentaron el Movimiento en Defensa de la Pacha y la fundación Pro-Tigre llevó a la jueza Delma Cabrera a suspender a fines de 2011 las obras de Eidico. En esa zona, conocida antes como Punta Canal, existe un cementerio indígena. La intención del egresado del Newman era anexar esas tierras a las 850 hectáreas del complejo Villa Nueva.  Desconociendo una cautelar –un adelantado–, O’Reilly retomó las obras en agosto del año pasado, pero un grupo de vecinos (que no es parte del 73 por ciento que votó a Massa en 2011) volvió a frenarlo.

La asamblea de Villa La Ñata se opone a una política urbana que cede espacios públicos para emprendimientos privados como parte del Nuevo Delta, una marca que lleva a tapiar durante meses 800 metros de costa del canal García y el canal Villanueva para cederla finalmente a un paseo de compras y restaurantes para turistas que durante el fin de semana retiran sus lanchas de las guarderías náuticas y se apropian literalmente del lugar. A fines de enero, Massa inauguró las obras con Luciano Pereyra en el Dique Luján y transmisión de Telefé. Ese es el pollo.

Tigre no es solo Eidico. Consultatio, Pentamar, Supercemento, Dyopsa, Urbanizadora Rincón de Milberg, Rincón de Tigre, por nombrar a las pioneras, desarrollan viviendas de lujo junto a espejos de agua. Ahora avanza el proyecto Venice, que se publicita a página completa como la primera ciudad navegable de la Argentina. 32 hectáreas con un frente de 500 metros sobre el río Luján. Pero los que van a contramano del rumbo que habilita Sergio dicen que se están elevando terrenos, talando cientos de árboles y desviando cursos de agua naturales.

A unos cien metros de la primera ciudad navegable de la Argentina, está La Garrote, el escenario en el que Pol-ka logró ingresar para filmar El Puntero con una sola condición: que no se mencione a Villa Garrote como parte de su municipio. Ahí, a cinco cuadras de la avenida Italia y de Tigre centro, viven más de 700 familias en condiciones de pobreza extrema, sin agua potable ni cloacas, y las inundaciones son una constante.

A fines de 2012, Gustavo Veiga contó en Página/12 que en los terrenos donde se levanta Venice funcionó el astillero Astarsa. En 2008, la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte le presentó un proyecto a Massa para construir un complejo cultural, un museo y una escuela de artes y oficios vinculados con la industria naval, en homenaje a once obreros del astillero desaparecidos durante la dictadura. Massa respondió el 24 de marzo con un homenaje a los 370 trabajadores desaparecidos de la zona norte en la puerta de Astarsa, junto a Facundo Moyano y la Juventud Sindical, alianza viable para el poskirchnerismo que imagina Massita. Ese día colocaron la piedra fundamental de un monumento. Además, les cedió por decreto media calle de las 32 hectáreas del predio.

Según la Asamblea Delta y los vecinos de Villa La Ñata, hoy el 60% del territorio del partido de Tigre –148 kilómetros cuadrados de continente– está ocupado por barrios privados cuyos terrenos fueron rellenados y elevados de manera irresponsable. Ante cada tormenta fuerte o marea, el agua tapa a los que viven fuera de esos muros perimetrales. Dentro de ese 60% del territorio, solamente habita el 10% de la población de Tigre: el otro 90% se asienta en el 40% restante que ve colapsar los servicios de agua, luz, cloacas y gas.

el Macri del kirchnerismo

Y con todo, Massa es audaz. Aprovechó la inauguración de las sesiones en el Concejo Deliberante en Tigre para pegarle a Scioli. Anunció que iría a la Justicia para enfrentar la desigualdad tributaria que promueve la provincia: “Vecinos que pagan más de 700 pesos y quintas con vista al río de Villa La Ñata que pagan tres pesos”, se quejó, apuntando al revalúo fiscal que aplicó la gobernación y favorece a los ricos de la zona, como el motonauta, líder indiscutido del equipo de fútbol Piqueteros de Villa La Ñata. El sciolismo realmente existente salió enseguida a responderle. Desde ARBA dijeron que el municipio aprobó los planos que se usaron para fijar los nuevos valores. Y el legislador Guido Lorenzino bautizó a Massa como “el Macri del kirchnerismo” porque siempre está echando culpa a los demás y no se hace cargo.

El diálogo entre Scioli, Macri y Massa combina chicanas y alardes de gestión. Son el rostro posible de una Argentina del mañana. Si el kirchnerismo es esa épica imprecisa y exagerada en base a cuestiones casi siempre menores que lo enfrentan con los malos, la disputa entre macrismo, massismo y sciolismo se anticipa como la tediosa discusión entre nuevos gerentes de lo público, que están del lado de los malos. Por ahí anda también De Narváez, el colombiano sin territorio que hoy asume la función de millonaria paloma mensajera del gobernador.

Como Kirchner y como Scioli, Sergio también es un político que no descansa nunca. Por las noches, lleva a los intendentes a comer al Delta, esa inmensidad de 221 kilómetros cuadrados de islas donde el único barrio privado que quiso instalarse –Colony Park en 2007, en 300 hectáreas– fue rechazado por asambleístas e isleños. Ahí, donde hoy los isleños necesitan carnet para circular y son un obstáculo no redituable para el nuevo Tigre. Por ahora, se conforma con que los columnistas de los grandes diarios sigan hablando del “Factor Massa”. De que si Sergio compite se los coge a todos, de que Cristina y Scioli le temen y lo quieren de su lado. Por ahora, extiende su influencia territorial a la zona norte (San Fernando, San Isidro, Vicente López, Malvinas Argentinas), y teje relaciones con una liga de intendentes jóvenes, preferentemente licenciados en ciencias políticas. La táctica está clara: a Scioli no le firman ni siquiera una solicitada que ruega por el comienzo de las clases.

Al Pato Galmarini lo relega al lugar de suegro insidioso y experimentado y no lo deja aparecer demasiado. Pero a Malena –así la llaman en Tigre– la sube a escena. La hija del Pato gana protagonismo desde la secretaría de Desarrollo Humano.

La política de seguridad es otra de las claves de la gestión. Hay un lenguaje y un dispositivo que convierte al municipio en un centro de operaciones. Cámaras, móviles satelitales, botones de pánico para colectivos, transporte escolar y hogares, y la vedette de la tecnología aplicada a la Protección Ciudadana: los drones, o cuadricópteros, para sobrevolar el delito. Robots que tienen una autonomía de vuelo de 25 minutos continuos, fabricados en Holanda, los únicos que existen en Argentina. Sergio fue el primer intendente de Latinoamérica que trajo el último modelo. Bien ahí. Con cámara infrarroja, gps y un radio de operaciones de dos mil metros para monitorear todo lo que se mueve por vía terrestre o fluvial en Tigre. Él lo explica y gana caminando: “La tecnología utilizada en la lucha contra la inseguridad es muy importante para ganarle la batalla a los delincuentes. Además, nos permite hacer control de construcciones clandestinas con sobrevuelo satelital, pero también presencial en cada uno de los barrios y ver lo que se está construyendo”.

Sergio además pone camaritas por todos lados, como le gusta a Cristina. Pero, cuando algo pasa –balazos entre sectores de la barra de Tigre en febrero 2013–, no funcionan. Y la Presidenta aprovecha para reprochárselo en el discurso inaugural de la Asamblea Legislativa. Después de eso, parece, Massa se va a boxes nuevamente. Miente. Juega con la ilusión de los ansiosos. Defrauda por segunda vez en poco tiempo a los indignados del peronismo, gente grande y con mucha historia. Es que Sergio tiene tiempo, lo que a muchos se les acaba.



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