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después de la calma chicha
Fotografía: Leo Vaca
05 de Enero de 2018

Volvieron los diciembres calientes y las estructuras crujen, en especial la CGT. Juan Carlos Schmid, el más combativo de los triunviros, empujó con todas sus fuerzas un paro general pero una parte de los gremios le hicieron “ole”. Fue en rechazo a la medida más impopular del gobierno de Macri: la reforma previsional. El episodio desnudó las divisiones internas de la principal central obrera, cada vez más invertebrada.

Luego de la desazón por la oportunidad perdida (“ese era el momento”, insiste una y otra vez), Schmid habla largamente con crisis, hace un balance a calzón quitado, y mira de frente la tormenta que vendrá. La entrevista tiene lugar en su oficina porteña del Sindicato de Dragado y Balizamiento, en medio de las festividades de fin de año.

“Después del 18 de diciembre anduve mal anímicamente, estuve a punto de patear el tablero. Es fulero que te desautoricen. Siendo que pararon muchos sectores, y le pegamos una zamarreada, pero otros no acompañaron”, admite. “Pero soy un tipo con ciertas costumbres que no adquirí en el campo sindical, las traigo de los barcos. Vos cuando estás a bordo no podés pegar el portazo y mandarte a mudar. Tenés que llegar al puerto, desembarcar, ver quién es el nuevo Capitán. Todo tiene su orden. Y no podría haber un desorden porque se pone en riesgo lo que se llama la aventura marítima. Parece un término romántico pero es una categoría del código de comercio. Cuando el barco zarpa a determinado destino, vos no podés bajarte en el medio del océano, en el medio del canal de navegación, no podés reaccionar poniendo en riesgo la aventura marítima”.

La CGT Es un barco difícil. ¿Llegará a buen puerto?

Por supuesto que es un barco difícil, nunca ha sido fácil. Lo que ocurre en este momento, además, es que hay un gobierno que no es peronista y siempre se dijo que cuando los gobiernos no eran peronistas era más fácil unificarse para confrontar. Bueno, habría que revisar eso, parece que no es tan lineal. A pesar de que hubo confrontaciones grandes y duras durante toda esta etapa, nosotros no hemos logrado un frente homogéneo en la CGT, este es un dato de la realidad. Es cierto que las diferencias internas vienen desde antes de la unificación,  quedaron importantes sectores afuera, no todos por la misma razón. Pero yo quiero decir esto: en el último Comité Central Confederal se nos facultó para entablar tratativas y para llevar adelante medidas de fuerza. Bueno, lanzamos las medidas de fuerza y la mayoría dice que está mal diseñada la protesta, que había que tener otro tipo de consultas, que la táctica no era la apropiada, pero no hicimos más que cumplir con el mandato que nos dieron. Entonces tenemos un problema: si cada tres meses necesitamos ratificar la vigencia del Triunvirato, estamos en problemas. Mientras no unifiquemos criterios no importa si hay tres secretarios generales o hay uno. Eso va a seguir minando la posibilidad de actuar en forma homogénea.

ensillar que está aclarando

Habla flanqueado por dos grandes fotografías de líderes políticos. Casi una obviedad para cualquier dirigente de la CGT. Las diferencias podrían surgir en las compañías o en las ausencias. Allí está también la caricatura que hizo Rep tras la muerte de Néstor: “Fuerza todos”. En una estantería lateral hay una pequeña piedra con la imagen del Che. Perón y Evita no posan como El General y La Primera Dama sino como oradores que hablan a las multitudes: “llevo en mis oídos la más maravillosa música que es la voz del pueblo argentino” y “el peronismo será revolucionario o no será nada”, respectivamente. Nosotros hablaremos de temas un poco más profanos: el peronismo de Pichetto, el macrismo que acelera pero puede estrolarse, y un sindicalismo que no puede resolver aún el rompecabezas de la fragmentación.

Durante los años de proscripción del peronismo los sindicatos tuvieron que optar por la alternativa “resistencia o integración”. ¿Es un poco el dilema que divide ahora a la CGT?

Obviamente nosotros no podemos estar con una postura de integración, ni de conciliación con intereses que están en las antípodas de lo que pensamos las mayorías. Eso no quiere decir que desatemos una lucha con las características que tuvo la resistencia a Onganía, porque ciertamente no es lo mismo. Aunque lo que estamos confrontando se empieza a decodificar cada vez con mayor nitidez. Yo diría que hasta la reforma previsional había clarososcuros, algunos grises. De hecho, yo he tratado de no utilizar (lo podés confirmar en los reportajes) aquella idea de que gobiernan para los ricos en contra de los pobres. Para mi el punto de inflexión ha sido la reforma previsional. Hoy puedo decir con claridad que, efectivamente, este es un gobierno que golpea a los sectores populares empobrecidos y favorece a los de mayor concentración. A partir de diciembre entramos en un nuevo ciclo y tenemos que organizar la resistencia, pero con otra dimensión, con otras tácticas y con otro formato que en el pasado. Porque caer en la tentación de resolver esta encrucijada de manera violenta, yo no voy a usar la palabra funcional pero es muy peligroso para los intereses que nosotros representamos. Simple y sencillamente por lo siguiente: cada vez que la clase trabajadora, o mejor dicho el pueblo argentino, ha intentado por esa vía la respuesta ha sido feroz de parte de la derecha. Y eso no hay que olvidárselo nunca. Nuestra posibilidad tiene que ser recrear la política. En la política todos valemos uno. La política es el arma que tenemos los sectores populares para hacer valer nuestras razones. Los sectores económicos levantan el teléfono. ¡Nosotros tenemos la política! Recrear la política quiere decir tener un significado de la trascendencia. Lo primero que hay que atacar es la desigualdad. Necesitamos dar un debate dentro del movimiento sindical, porque si hay tantos hermanos nuestros que están tan abajo, tan atrasados, deberíamos pensar cómo ir acercando a esos compañeros a nuestras fronteras. No lo digo sólo por los movimientos sociales, lo digo también por franjas completas del sindicalismo que están allá en el fondo de todo, por ejemplo ladrilleros y otros más. Ramas industriales que están postergadas. Compañeros que tienen quincenas de cinco mil o seis mil pesos.

¿Cómo se percibe al interior de la CGT esta discusión que vos venís planteando?

Claro, dicho sin filtro, algunos estamentos pueden interpretar que esta visión significa que no tiene sentido pelear por lo nuestro. No estoy diciendo eso. Estoy diciendo que para conformar un ejército solidario todos tenemos que tener la misma razón para el pataleo. El motor, el mecanismo que activa la protesta en lugares como los nuestros, es el impuesto a las Ganancias. Y en la otra punta están los compañeros con sueldos de sobrevivencia. El que tiene que hacer una síntesis es el movimiento sindical, con un debate interno que nos permita poner a todo el mundo en la misma raya. No creo en el igualitarismo, pero deberíamos acercarnos a fronteras de dignidad para que todos defendamos lo mismo. La política hace rato que abandonó esa mirada. Ese empujón llegó hasta los primeros años del gobierno de Cristina y después entró en un tobogán. Desde ahí la desigualdad no se tocó, la pobreza siguió estando a niveles vergonzantes y a los políticos parece que lo único que les preocupa es ganar las elecciones; y cuando ganan empiezan a pensar en las de medio término. Es lo que está haciendo este gobierno. Con una diferencia: el gobierno anterior tenía políticas que en alguna medida daban respuesta, no las respuestas de fondo, pero había concesiones a los sectores más postergados.

Te escuché decir a raíz de la reforma laboral, que ustedes habían recibido una propuesta por parte del gobierno que era un Frankestein y que no la habían podido convertir en la Bella Durmiente pero sí en Pinocho. Luego dijiste que la lapicera ahora la tienen Pichetto y el PJ, pero no parece haber una articulación virtuosa entre ustedes y el peronismo en el Congreso, en especial en el Senado. ¿Qué reflexión te merece el tono conservador que adoptan hoy sectores importantes del peronismo?

El gobierno operó en esto con cierta habilidad. Habló con los gobernadores, con los senadores y consiguió la aprobación de la ley por un estrecho margen, lo cuál de alguna forma expresa el divorcio entre lo que piensa gran parte del pueblo peronista y sus dirigentes. Eso es lo que se vio reflejado en la Cámara de Diputados después. Y el gobierno, en definitiva, nunca termina de tender un manto de confianza para discutir las cuestiones profundas de la Argentina. No lo hizo cuando quisieron abrir el Diálogo Argentino, donde no pudieron disciplinar a grandes sectores empresarios que terminaron saboteando aquella mesa de diálogo, estoy hablando de 2016. Y no lo hizo tampoco ahora, porque cuando el gobierno se sentó en la CGT no habló de esta reforma, el gobierno hablaba de agencias de salud para las obras sociales, capacitación y blanqueo. Después puso sobre la mesa a Frankestein, que venía con la modificación de ciento y pico de artículos de la ley de contrato de trabajo. En el interín hubo un Comité Central Confederal, donde se había habilitado al Triunvirato a llevar adelante las tratativas y si éstas no prosperaban ir a la medida de fuerza. Cuando nos sentamos a discutir, lo hicimos porque estábamos mandatados para eso por todas las expresiones, porque al Comité Central Confederal fueron todas las expresiones. Estaba el MASA, las 62 organizaciones, todos. Ahí también el gobierno utiliza la finta, el amague, para confundir. Muchos dicen que son las internas propias del Ejecutivo, pero yo creo que es una lógica de decir “te amago que voy por el centro y giro a la derecha”. En realidad lo que querían era la sanción de la reforma previsional, entonces todo lo otro quedó. Yo creo que había sectores en la política, no te puedo adelantar quiénes, no sé si en el Senado o los gobernadores, que esto lo conocían. Por eso hubo un entretenimiento y una pirotecnia, a sabiendas que lo dejarían para más adelante, mientras la reforma previsional se trató en quince minutos. Una medida tan antipopular como esa en el Senado se trató en quince minutos. Entonces, aquel acuerdo que para la Conducción de la CGT implicó un desgaste se dio en un determinado contexto. Ahora no está ese contexto, con lo cual el Gobierno va a tener que hacerse cargo de discutir él en el Parlamento, si quiere que se sancione esa ley. Yo no estoy dispuesto a dar ni una palabra en favor de la reforma laboral, porque los pactos están para ser cumplidos y aquí el gobierno no cumplió con el primer pacto que era discutir las cuestiones que afectan a nuestros intereses. Lo quiero decir más claro: el gobierno nunca mencionó en la mesa que iba a sancionar una ley previsional de estas características, y que esa era la prioridad; entonces, si el contexto del pacto fue aquel, no tengo por qué sostener la reforma laboral ahora.¿Por qué estamos distanciados, o encontrados, con otros sectores por este tema? Porque los gobernadores han creído que de esta manera ellos salvan las finanzas de sus provincias. Creo que es un error bastante serio de parte de los gobernadores, si el país no se pone en marcha ellos inevitablemente van a entrar en crisis. Porque los fondos que les prometen no van a llegar si se agudizan el déficit fiscal y el endeudamiento. La Argentina puede llegar a cumplir con todas sus obligaciones internas y fiscales si la economía crece, y eso después de dos años vuelve a estar en una nebulosa, de nuevo hay más interrogantes que certezas. Por eso, los gobernadores han hecho para mí un mal cálculo. Y más aun porque han hecho un cálculo desde el punto de vista de los números, no desde el punto de vista de las derrotas que sufrieron muchos de ellos por estar en otra postura política. En el afán por escapar de la crisis financiera, dejan en el camino sus propios activos. Y en el caso del gobierno nacional, yo creo que ha entrado en cierto declive que puede convertirse en un tobogán pronunciado, porque han afectado particularmente su base electoral. Si hubo una franja que a ellos los votó es la que va de cincuenta años hacia arriba, y allí han golpeado con esta reforma previsional... mal llamada reforma previsional, porque es una rebaja lisa y llana de los haberes de los jubilados.

 

carne y hueso

Schmid pone en el centro del análisis al desfasaje que hay entre la estructura sindical y el mundo real de los laburantes. Su apuesta estratégica consiste en ampliar las fronteras del Movimiento Obrero Organizado, para que se convierta en un verdadero movimiento de trabajadores. Durante el año y medio que lleva al frente de la CGT, integrando el Triunvirato, ha mantenido un intercambio permanente con “los movimientos sociales”, es decir con los referentes de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). También con curas y obispos. Una trama incipiente pero fértil donde religiosidad, territorio y sindicalismo se entrelazan, con la bendición del Papa peronista. Eso sí, en esta cofradía no suele hablarse de feminismos. Aquí al menos lo intentamos.

¿Quienes son esos trabajadores que no están representados hoy en la CGT?

Hay un tercio de la población que está fuera del mapa de posibilidades que tienen los demás argentinos. Catorce millones de pobres están encerrados en ese círculo maldito. Las mayorías que salen a la calle son los pobres. No son los sindicatos, no son los partidos políticos, ni siquiera son las expresiones de izquierda. Son los pobres los que están en la calle. Es un fenómeno nuevo. Están dispuestos a no salir de la calle hasta que definitivamente la democracia los haga corpóreos, hasta que dejen de ser unas sombras, hasta que sean seres concretos de carne y hueso. El sindicalismo tiene que ponerle el oído, el corazón y los ojos a este problema. Y obviamente el empresariado argentino, los dueños de las finanzas, los que tienen responsabilidades constitucionales, tienen que darle una salida a eso. Porque una sociedad de dos velocidades como la que se va construyendo no es viable. Muchos dicen: “¿por qué inviable Schmid, si hasta ahora está funcionando?”. Bueno, yo creo que no funciona. Lo que ocurre es que hay momentos de calma chicha, que en términos marítimos es la que precede a la tempestad. Insisto, para los que me corren por derecha porque dicen que yo tengo demasiada cercanía con los movimientos sociales: nosotros tenemos gente de los sindicatos que es pobre, que tiene trabajo pero es pobre. Se les pide mesura, se les pide paciencia, y lo demostraron en la manifestación. Pero qué mesura y qué prudencia le puedo pedir yo a alguien que ve al Estado como su enemigo, que cuando aparece el Estado es para reprimirlo. Es muy difícil que ese compatriota entienda lo mismo que vos y que yo, hay que gastar mucha saliva, hay que tener una enorme cuota de paciencia, porque esto no se va a terminar enseguida. Es un diagnóstico que muy pocos asumen sinceramente, por eso aparecen consignas que son hasta ridículas: “tenemos menos pobres que Alemania”, o “vamos a la pobreza cero”, por tomar dos frases cercanas. O “la gente va a perder poder adquisitivo pero va a ganar más”.

¿Qué balance hacés de qué se hizo y qué se puede hacer en la CGT para que se concrete esta recomposición de clase trabajadora?

Por ejemplo, construir un mapa de la desigualdad que sea encarnado por un equipo de la CGT. Eso debería ser algo central. Está en las mejores tradiciones del sindicalismo argentino. Previas a la CGT incluso. ¿Qué hacían los anarquistas y los socialistas? ¿Defendían a los sindicatos de ellos nada más? ¡No! Los tipos peleaban con los inquilinos de La Boca, les daban clases para salir del analfabetismo, luchaban contra el consumo de alcohol, es decir tenían una noción de que la pelea para construir una sociedad más libre y más justa no era únicamente pelear por la jornada de ocho horas. Era mucho más, querían cambiar la sociedad. Yo no quiero ser un romántico perdido pero esas raíces están ahí, son nuestro ADN. Tenemos que hacerlo. Es una tarea gigantesca, difícil. Pero es improbable que discutiendo desde nuestro aparato podamos tener una mirada precisa sobre lo que está ocurriendo. Un grupo de compañeros nuestros hace dos meses salieron a dar comida a los que están en el barrio a la noche. Acá hay gente que está sufriendo y hay cosas que no las van a transmitir los abogados, ni los cursos de formación, ni participar en la estructura, ni ir a las charlas políticas, ni están en el Convenio Colectivo de Trabajo. ¿Saben dónde lo van a encontrar? Acá dentro. Son respuestas aisladas, lo hace nuestro sindicato, otro sindicato, pero son sólo fósforos que se encienden y luego se apagan. Hace falta vencer las resistencias internas del campo sindical. Porque hay muchas resistencias, se mezcla la política, juegan los prejuicios. Pero si no lo resolvemos a esto, estamos poniendo en riesgo nuestro destino como sociedad.

Hay sindicatos que no caracterizan del mismo modo que lo estás haciendo vos. La CGT es una estructura pesada para este tiempo histórico que requiere un cambio de agenda, fuerte movilización, y una nueva institucionalidad gremial. Porque una cosa es decir “colaboramos, ayudamos a” y otra es inscribir a ese sector precarizado de la clase trabajadora en la CGT. Esto parece avanzar muy lentamente.

Venimos de un intento de paro general que no fue testimonial. Me molesta mucho que lo llamen de esa manera. Yo sigo sosteniendo que era el momento para que nos prestigiemos. Había en marcha una medida anti-popular y teníamos que haber luchado contra ella. Los que no lo entendieron que den las explicaciones. Nosotros llamamos al paro, para el cual estábamos facultados. Si después la Corriente Federal cree que había que movilizar… bueno. Y los que no acataron, lo que hicieron fue desobedecer o desoír su propio mandato. Era el momento para clavar una referencia concreta en contra del gobierno, o en contra de la injusticia. Porque lo hubiéramos hecho contra cualquier gobierno. Nosotros tenemos dificultades hasta para coordinar dentro de los que se supone que somos más o menos iguales, ¿cómo podemos entonces avanzar con compañeras y compañeros que tienen otro nivel de organización, otra premura y otros problemas? Lo que sí tenemos claro es que hay que buscar puentes. Yo he tratado de sostenerlo con actividades concretas, ir al territorio, al barrio, compartir con los sectores empobrecidos, porque no sos el mismo dirigente sindical si vas que si no vas, hay que hablar con la gente y bancarse que la gente te cuestione. Pienso que hay que ir de a poco construyendo vasos capilares que le den institucionalidad a esta recomposición.

¿Es de a poco y capilar, o tendría que haber una reacción mucho más fuerte para la  unificación de la clase trabajadora en la CGT?

Pero es que una asamblea o un congreso en donde propongas debatir este asunto no lo veo, porque encima que está en crisis la CGT imagínate si le agregamos este problema. Tal vez estén enojados conmigo porque tengo este vínculo intenso con los movimientos sociales. Lo que no se dan cuenta es que uno no busca protagonismo, ni se trata de una especulación. Yo se los he dicho: “bueno muchachos podemos decir que no, pero va a llegar el momento en que ahí afuera van a ser muchos más que acá dentro. De hecho, hay cuatro millones de precarizados, son la misma cantidad que tenemos en el padrón. Yo abrevo en la esperanza de que vaya madurando, no importa si es conmigo o con quien sea. Porque cuando insitís son muchos los compañeros que comprenden. Al fin y al cabo las tres T no las inventó nadie, son tan viejas como el agujero del mate. Lo primero que hizo el hombre fue meterse en una cueva, es decir el techo. En la primera revolución del siglo veinte, la mexicana, el tema de la tierra está en el centro de la disputa. Y el trabajo, más allá de la dimensión económica, no puede ser algo que está encerrado en el mercado, el trabajo tiene una categoría distinta para el sindicalismo, no puede estar únicamente sujeto a la oferta y demanda, no nos pueden tratar como si fuéramos un engranaje de la maquinaria de producción. Para nosotros el trabajo tienen otra categoría. Y eso es lo que dice Francisco. Pero también ha sido la pelea histórica de la clase trabajadora: que no nos traten como cosas. La Juventud Sindical nuestra está jugando un papel importante. Ahí hay gente que está abriendo la oreja para otras cosas y yo insisto mucho en hablar con ellos para que no le presten tanto el oído a los prejuicios, los frenos, las vallas. Porque son ellos los que nos van a reemplazar, y van a tener una actitud más abierta.

La CGT se ve como una estructura rígida y masculina, además de representar sólo a los trabajadores formales. ¿Cómo están funcionando las interpelaciones del feminismo?

Ahí también hay toda una discusión porque efectivamente es una estructura pesada, pensada desde la perspectiva del siglo pasado, donde todo el tema del género es lento para que se comprenda en el medio. Yo siempre cuento una anécdota mía, que tal vez te sorprenda. Nosotros tenemos ahora mujeres navegando, varias. Y algunas compañeras están dentro de la estructura sindical, no muchas pero hay. Pero este era un universo de hombres nada más. Cuando a mí me dijeron que habían entrado mujeres, mi primera reacción fue de rechazo. “Se nos va a armar un quilombo bárbaro. No quiero ni saber de ese tema”. “Lo que pasa Schmid, es que ya hace seis meses que están arriba de los barcos”. ¿Cómo? “Sí, no te dijimos porque sabíamos que no te iba a gustar. Seis meses ya, y no hubo ningún problema”. Un cachetazo para mi interpretación antigua. Yo a los problemas a los que refería no eran profesionales, ni nada por el estilo; eran de sexualidad, de convivencia, porque tampoco esto es una oficina, vos estás treinta días en un barco, a lo mejor veinte tipos y una mujer. Los barcos están diseñados para que haya sólo hombres, hubo que habilitar un baño para que pueda ir la mujer. Y recién ahora estamos incorporando esto en el sector privado para que las mujeres estén arriba también. Después las compañeras vinieron, se presentaron, una de ellas forma parte de la comisión directiva central, yo la he enviado varias veces fuera del país para que se capacite, enviamos a una compañera a la Internacional a Londres para que adquiera experiencia. Pero eso que me pasó a mí es generalizado, porque venimos... no solamente que somos viejos sino que somos de otro milenio. Y no es un juego de palabras, eso te pinta de cuerpo entero cómo es la evolución dentro de la propia CGT. Yo hablé con las compañeras de Ni una menos, vinieron acá y me cuestionaban que habíamos largado la movilización del 7 de marzo en medio de su convocatoria al paro del 8M, pero no tenía que ver con eso, no era para opacarlas a ellas, sino que los tiempos fueron coincidiendo. Pero les dijimos que haríamos la mención convocando a la marcha de mujeres y que se confluya el 8 de marzo. Es un tema pendiente en el que también estamos lentos, decididamente lentos.

 

 

maquiavelo y la represión

Los cantitos más potentes que se escucharon primero en la Plaza del Congreso y luego, más sorpresivamente, en los cacerolazos que sacudieron la noche del 18 de diciembre, dan en cierto modo la razón a Schimd: “unidad de los trabajadores, y al que no le gusta se jode”. La necesidad de recrear un destino común para hacer frente al gobierno de los empresarios, incluye a las clases medias urbanas. Pero esa consigna tambien denuncia la ausencia de los supuestos representantes de los trabajadores en la calle. La CGT perdió hace rato la centralidad en las luchas callejeras. Ahora está en juego su pertenencia al campo de los que resisten. Su posicionamiento frente a las operaciones oficialistas que buscan traducir la protesta social en términos de violencia política, en ese sentido, es clave. Schmid parece preocupado.                                        

El gobierno ha decidido reprimir al conflicto social sin miramientos. La intención parece ser construir un enemigo interno. ¿Qué hacemos para contrarrestarlo?

El discurso represivo no estuvo muy alejado en los últimos años. No hay que olvidarse que nosotros tenemos una ley antiterrorista en vigencia. Que cada uno se haga cargo de lo que sancionó. Esa ley nunca hubiera sido utilizada en un gobierno popular como el del kirchnerismo, con el cual tengo grandes diferencias. Pero una vez que te fuiste del gobierno la puede usar otra administración, que sí está empeñada en una escalada de mayor represión de la protesta social. Hay que ponerlo en contexto: el gobierno ya tiene dos muertos, con cosas muy disparatadas. ¿Qué hace la Prefectura en la pre-cordillera por ejemplo? Está bien, hay lagos donde tienen área de jurisdicción. Pero no es una fuerza que esté preparada para intervenir en el conflicto interno, porque su fuerte son los espejos de agua y el litoral marítimo y fluvial. Bueno, Prefectura termina involucrada en la muerte de Nahuel, un joven patagónico. En el caso Maldonado no hay efectivamente una violencia directa sobre él, pero es el resultado de una represión producto de la cual el compañero cae en ese lugar, no es que se tiró porque tenía ganas de nadar. El conflicto de Pepsico se podría haber resuelto de otra manera perfectamente, pero tuvieron que entrar a sangre y fuego al lugar: el resultado todo el mundo lo vio. La represión del día jueves 14 de diciembre alrededor del Congreso, absolutamente desmedida, a una manifestación pacífica; más el desborde del 18 cuando mandaron a un grupo de compatriotas, porque eso son los policías, a que recibieran una infernal lluvia de proyectiles, explica cómo el gobierno pasa de la mano dura a dejar que un grupo sea sacrificado en aras de imponer la seguridad. Hay algo bastante maquiavélico en este hecho. Nosotros tenemos que garantizar en las movilizaciones y actos que nuestros dispositivos sean tan fuertes que no le demos lugar a los violentos, por más que siempre puedan haber infiltrados. Nosotros hicimos una movilización muy grande el 22 de agosto, y más allá de que hubo algunas escenas de pugilato entre los propios camioneros, no pasó absolutamente nada, no se rompió ningún vidrio, no incendiaron avenida de Mayo. Eso se garantiza cuando el movimiento sindical, fuerte y con sus dirigentes convencidos, llevan adelante a sus compañeros y controlan el espacio público para que no ocurra. Ahora, creo que el gobierno tiene que revisar su política de seguridad, porque primero tiran y después preguntan. Yo en eso no me confundo, nosotros somos pacíficos y bajo ningún punto de vista queremos ir a confrontar con otro argentino, pero la cabeza del Estado tiene que dar garantías de que no puede haber otro muerto a manos de las fuerzas de seguridad.

El comunicado de prensa de la CGT del 18 de diciembre tendió a asimilar la situación de los tirapiedras con la represión estatal, a través de un rechazo que equipara ambas acciones. Es complicado, porque algo que está queriendo instalar el macrismo es la idea de que hay violentos, que hay un enemigo interno, y que la represión se justifica por ese motivo. ¿La CGT no debería construir un discurso distinto? ¿No es conceder demasiado cuando desde el campo popular señalamos a los supuestos violentos?

Lo que ocurre es que hay que ponerlo en contexto. No hay que olvidar que el jueves anterior hubo una declaración la CGT condenando la violencia estatal. Ahí directamente responsabilizabamos al gobierno de lo ocurrido porque muchos manifestantes de las organizaciones populares y de los sindicatos habían sido reprimidos, entre ellos nuestros compañeros. Entonces, no fue esa la única declaración de la CGT. Si no me equivoco yo estuve el jueves en la televisión, en el programa Código Político, y dije esto que te acabo de repetir: el gobierno tiene que revisar su política de seguridad, porque primero tiran y después preguntan. Eso lo dije como Secretario General. Luego sacamos ese comunicado que vos mencionás, antes de la respuesta estatal, en el momento en que volaban las piedras. Yo no sé cómo no liquidaron a un policía ahí, y la verdad es que creo que fue a propósito. Los mandaron para que muera un efectivo allí. Eso es muy hijo de puta. A ese grupo de gente, desarmada, sólo con el escudo, la mandaron al muere. Primero meten bala, y después te mandan a que te rompan la cabeza. Es muy maquiavélico. Por la televisión se vio el trazado de granadas que volaban como si cayeran de los edificios. Es una locura. Nadie con una pistola lanzagases tira de esa manera, y además no puede llegar tan alto. Cuando lo ves de afuera tenés más perspectiva, porque cuando estás adentro te calentás y querés devolver el golpe. Si te están pegando atinás a defenderte. Después, cuando los dispersaron, los tipos salen con motos y te cagan a tiros. A nosotros el jueves nos hirieron siete compañeros, dos portuarios y cinco aeronavegantes, con impactos de balas de goma. ¿Sabés dónde? En Bartolomé Mitre muy cerca de Congreso, casi una hora y media después. Pasaron con la moto y pum, pum, pum. También varios judiciales fueron heridos. No le esquivo a la pregunta, estas dos cosas sucedieron. Pero no podemos dejar de decir que las piedras del día 18 era algo que estaba organizado. Los muchachos que estaban adelante, avanzaban y retrocedían. Hay que sentarse un día, como hacía Walsh, y analizar bien las imágenes, para ver cómo los movimientos eran realmente sincronizados. Retrocedía la primera línea y aparecía otra que tiraba piedras, mientras los primeros recargaban. Por eso no se detenía el flujo de piedras.

 

azopardismo

Un rictus de bronca y una jerga más descarnada aparece cuando nuestro entrevistado reconstruye los vertiginosos últimos quince días de intrigas, mesas paralelas, y traiciones que se suceden vertiginosamente en Azopardo 802. La UTA de Roberto Fernández emitiendo un comunicado contra el paro, la flaca columna de la UOM en la movilización del 18 de diciembre, la resonante ausencia del moyanismo durante los días calientes, la revoleada de llaves del Barba Gutiérrez cuando renuncia a la Secretaría de Interior de la CGT. O las inexplicables declaraciones de Caló hace apenas un par de meses en el Coloquio de IDEA: “claro que quiero que baje el costo laboral, como todo el mundo, esto es como la perinola: todos ponen”. Schmid se enerva y quiere resucitar un principio antiguo, elemental, imprescindible: la orgánica colectiva. No la tiene fácil, cuando la autonomización garpa y la extorsión manda.

¿Cómo imaginas el futuro de la CGT? ¿Qué va a pasar en 2018?

El futuro es incierto. Lograr alcanzar una unidad medianamente homogénea es una tarea pendiente, que obviamente nosotros no hemos podido saldar en este año y medio. Trazar un camino de mayor enlace y de cercanía con los movimientos sociales también es una tarea pendiente, una tarea que yo aspiro a que se recorra. Esto tiene que ser para nosotros una política de estado. A favor, el tema de los jubilados siempre estuvo presente en este año y medio. A lo mejor no estuvimos a la altura de las circunstancias, por eso me duele tanto que no hayamos reaccionado como se debía, justamente porque esa es una bandera nuestra. Y porque siendo una bandera nuestra, nosotros deberíamos haber capitalizado esa reacción popular tan fuerte que emergió del pueblo argentino. Por primera vez en muchísimo tiempo, hay que acordarse de los 450 de Norma Pla, las marchas de los jubilados, el conjunto de la clase trabajadora reaccionó en defensa de los jubilados como no hubo nunca en este país (porque no fue un paro testimonial: pararon los ferrocarriles, los puertos, los aviones, diversos sectores fabriles, y parecía un sábado a la tarde aunque la prensa grande diga que no, porque los colectivos andaban con poca gente). Y esto es bueno, habla del tejido sano que tiene la sociedad. También se demostró que los pobres están ahí, se quieren hacer los tontos, o los ciegos, pero están ahí, están reclamando que los escuchen y les den alguna solución. Los que se movilizan mayoritariamente siguen siendo los pobres. Nuestra estructura sigue siendo importante, tiene peso, pero los pobres tienen una fuerte capacidad de movilización, y esto es un dato nuevo en la discusión política. Y tienen tanto problema como nosotros para construir la síntesis política, porque por un lado tenés el Evita, por otro lado tenés otras fracciones, pero en esto van juntos. ¿Por qué, si ellos pueden, nosotros no podemos hacerlo? Por último, creo que habrá que convocar a plenarios, o a los cuerpos orgánicos de la CGT para ver cómo confrontamos el año que viene, porque se viene un problema con las paritarias, con la inflación, con este ajuste que empezó ahora y va a seguir con aumentos de tarifas, de colectivos, servicios. Y está también el problema de la reforma laboral. Tenemos que ver cómo se para la CGT frente a esto.

¿Y por qué pensás que los otros sectores no ven necesaria una medida de fuerza en estas circunstancias? ¿Cómo caracterizan ellos este momento?

Mirá, el problema es que no se hacen cargo de nada. Si vos tenés voluntad de parar, cumplís. Lo que dijo Palazzo: “yo estaba a favor de la movilización”. Vos tenés voluntad, vos bancás al que quiere ir al frente. “No, porque nunca vi un paro que empiece al mediodía y termine...”. “Porque no me avisaron y primero tenemos que reunirnos en la mesa chica”. Muchachos, si nosotros entendemos que este era un momento justo, hay que jugarse. Te cuento la cronología para que se entienda la rapidez de los acontecimientos, porque después dicen que estábamos a destiempo. Cuando yo vi que se trababa en diputados, que tenían dificultades, y que se convocaba a movilización, nosotros llamamos a movilizar. Cuando el día jueves dijeron que la volvían a tratar el lunes, nosotros llamamos al Consejo Directivo y nos declaramos en Sesión Permanente, y dijimos que si esa noche sacaban el DNU automáticamente parábamos. Como no lo sacaron no podíamos hacer un paro, teníamos que guardar la medida para cuando insistieran con el tratamiento. Estuvimos en Sesión Permanente el viernes, sábado y domingo, y el lunes nos volvimos a reunir. La sesión estaba convocada para el lunes a la tarde así que decidimos reunirnos a la mañana y llamar al paro a partir del mediodía. Pero entonces surge el problema operativo: me llama el Gringo Castro, me llama Luis Cáceres, y otros compañeros de los movimientos populares. “Mirá que nos vamos a movilizar, si ustedes paran después cómo nos volvemos”. No podíamos dejar colgada a la gente que quería movilizarse, entonces pensamos un paro que no afecte eso y al otro día le haga sentir el repudio a la ley. Nos reunimos el lunes a la mañana y dejamos al transporte que empezara a las cero horas, para que volviera la gente. Desde las cero horas hasta el mediodía. Los ferroviaros lo hicieron. En el puerto también lo hicimos. Los aéreos empezaron a ordenar todo. Si tenés voluntad lo podés hacer. Pero se buscaron  excusas para no hacer nada. No es que estábamos titubeando, pero si nosotros parábamos y la ley no se sancionaba, nos hubieran dicho: “ven, ustedes paran porque quieren.” El tratamiento de la ley estaba a caballo de un día, empezaba al mediodía de ese día y, de hecho, terminó a las siete de la mañana del otro día. Entonces, no estaba mal pensada la medida: se hace la movilización y después le metemos un paro hasta el mediodía. Todo lo demás era irse por las ramas. El lunes a la mañana la Unión Tranviaria Automotor dice: “nosotros no podemos dejar varada a la gente pero a partir de la medianoche paramos”. No sólo que no hicieron eso, sino que sacaron un comunicado en contra de la medida.

Quizás haya sectores están apostando a la ruptura, entendiendo que una CGT tan heterogénea no va a poder organizar la confrontación.

Yo estoy a favor de que haya un debate donde se discuta la estrategia. A más de uno le he dicho que si tenemos que construir algo más homogéneo, yo no pienso aferrarme a un cargo. Pero lo que no se puede andar es con vericuetos. ¿Sabés la cantidad de veces que uno ha ido al paro sin estar convencido? Después recreas el frente interno. Por eso yo no voy a dar explicaciones, pregúntenle a los que no acompañaron.

Pagni te daba por renunciado.

Mientras vos no veas que yo firme y te de el pelpa, pueden conjeturar cualquier cosa. Cuando venga el relevo mío yo me iré, o daré la discusión adentro.  No voy a revolear las llaves. Eso no es serio, no es de alguien que está acostumbrado a la pelea interna. Todos sabemos que esto funciona por desgaste, que estás un día arriba y mañana abajo. Y hay un montón de gente que cree en uno también, entonces tampoco la podés dejar tirada en el medio del camino.

¿Es cierto que tuviste una discusión con Moyano?

No, el Negro salió a bancar pero yo le dije: ¿para qué nos necesitan a nosotros si la voz alta va a ser la de ustedes? Es lo que salió en la foto que viste el 26 de diciembre. “Ustedes se imaginan que es difícil conducir entre tres, más difícil es hablar entre nueve. ¿Cómo hacemos?”. Y además, a mí no me vengan con cuentos: o paramos o no paramos. Hay voluntad o no hay voluntad. Todo lo demás no va. Podemos discutir, podemos buscarle todas las vueltas. Pero yo les dije: “muchachos, ese era el momento”. Además, primero se cumple y después criticamos, y tiramos a uno por la borda si hace falta. Pero primero cumplimos. Yo lo dejé muy claro: “no me voy a ir pateando la puerta. A mí me eligió un Congreso para estar acá y sólo un Congreso nos puede sacar. Hagamos lo que tengamos que hacer. Lo que yo no quiero es que nos manoseen”.

¿Y cómo sigue esto entonces?

Yo creo que después de estas crisis, capaz es voluntarismo mío, tiene que surgir una vía de fortalecimiento. No podemos ir para atrás. No me imagino una CGT que haga seguidismo del gobierno. Me parece que no hay margen para eso. Uno de los temas de la conversa fue ese: hace dos años que están y los tipos dicen una cosa y hacen otra, nosotros no tenemos que contribuir en más nada, que no nos hablen de gobernabilidad. Y encima nos arrastran a nosotros a un descrédito con el conjunto de la sociedad. Es cierto que hicimos tres grandes movilizaciones y dos paros generales. “Ahora muchachos, tenemos que ser firmes porque si no la crisis nos lleva puestos a nosotros también”, les dije el otro día. Lo que pasa es que vos nunca sabés cuáles son las otras mesas de negociación que se habilitan. Yo entiendo. Hay mesas sectoriales en las que está todo muy bien, pero acá estamos hablando de lo colectivo. Que cada uno haga su juego en lo sectorial hasta donde pueda. Yo no voy a invalidar lo sectorial, pero cuando tenemos que jugar colectivamente no puede ser esa la lógica que prime. Es difícil creerle a esta gente. Mirá lo que me sucede el otro día, cuando salgo de mi edificio, viene un tipo grandote que me dice: “Y jefe, ¿cómo seguimos?”. Yo le digo “mirá, no sé, yo convoqué al paro pero hubo un acatamiento dispar, no sé cómo sigue esto”. Escuchá lo que me responde: “¿Sabe lo que pasa? A usted no le pueden meter un carpetazo y a otros sí. Así que al final usted se está embarrando con toda esa gente”. Y se fue. Uno se siente muy tironeado en este trance.

Diciembre de 2017 significó entonces un antes y un después, ¿no?

Era el momento para que nos ganáramos nuestra ascendencia dentro de la CGT. Si nosotros lográbamos parar el país, nos convertíamos en el eje de la discusión, como Confederación del Transporte. No se dieron cuenta, o el interés es tan grande que les impidió moverse. ¡Que se yo! Pero era el momento. Ahora va a haber un confederal o un plenario de secretarios generales para definir qué tipo de relación vamos a tener con el gobierno. Nos sentaremos a discutir algunas cosas, pero después los tenemos que confrontar. Ya pasaron dos años, no pueden venir a decir que nosotros les queremos boicotear la gestión porque estamos en la oposición política. Y si nos dan la manija nosotros lo podemos hacer, porque no nos pueden acusar de estar encolumnados en ninguna apuesta política, particularmente a mí. En paralelo, la oposición electoral se tiene que ir edificando en otro costado, por otro carril.

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