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el sueño de la deuda propia
Sobre “En casa: una odisea del espacio doméstico”, de Mona Chollet
Ilustraciones: Daniela Kantor
03 de Julio de 2018
crisis #33

1. Mona Chollet es suiza, pero reside en París desde hace unos cuantos años. Su libro construye una síntesis compleja y nítida que denuncia cómo el espacio de nuestra casa se ha convertido en la gran arena de disputa en el régimen de acumulación capitalista pos-Toyota. Para Chollet, es en la calidez de nuestros hogares donde los entramados susurrantes del sistema penetran con mayor fuerza. Una porción cada vez más significativa de nuestros salarios se va en atender a la necesidad de contar con un techo. Trabajamos todo el día para desmayarnos de cansancio en nuestras camas por la noche. Pero, además, la lógica que alimenta el sistema en el que vivimos se rige por la consigna del hacer. Le tememos al tiempo libre porque el ocio es el antónimo del éxito. La ética protestante sigue ganando. Y, en ese marco, la casa es la recompensa por un trabajo bien hecho; triunfamos en tanto participamos satisfactoriamente como asalariados en el proceso de acumulación de nuestros empleadores. De ahí quizás que estemos empeñados en denunciar, como agentes portadores del progreso, la aparente vagancia de los demás. El bon vivant o el choriplanero siempre es el otro.

Pero el acceso a la casa tiene aristas. Existe el alquiler, liso y llano, o el crédito hipotecario a veinte o treinta años. Falsas opciones. “No hay nada más lindo que llegar a tu casa”, rezaba el bien intencionado Procrear. En el mismo sendero se inscribe la batería de créditos hipotecarios que promueve hoy día el Gobierno Nacional en la banca pública como en la privada, con o sin UVA. En el mejor de los casos, nuestros padres han podido acumular cierto capital que nos completa la fi cción de que la casa que habitamos es nuestra. De eso estamos hechas las clases medias. De un conjunto de resortes familiares y/o estatales que nos permitieron vivir este tipo de ilusiones reales. Pero la verdad es que todo conduce a una existencia en estado de deuda.

2. Chollet destaca que la casa es un espacio de trabajo de mujeres. Denuncia la violencia de la industria de los servicios de cuidado y el trabajo doméstico en el proceso histórico de transformación de la criada en mujer burguesa. Lo que antes se dividía en belleza y oficio —las mujeres pulposas y rechonchas con mejillas rosadas frente a la criada salvaje y rústica en los establos—, por sentido de utilidad tuvo que coincidir bajo una sola piel. La luz de esperanza para las burguesas, sin embargo, está en las migrantes. Son las migrantes las que sostienen las industrias de servicios de cuidado y el trabajo doméstico en situaciones cada vez más precarias. Ideas como la renta básica universal para ciudadanos en la Europa de la ilegalidad vendrían a coronar esta asimetría. El progresismo comienza a aparecer como una clase que vive agazapada en el ejercicio de voto.

Entre la domesticidad y lo urbano, la industria de la construcción aparece para Chollet como el eje que concentra todas las tensiones. La respuesta optimista a la problemática de la vivienda, en su función liberal, es construir la mayor cantidad de departamentos posibles por lotes. Espacios cada vez más chicos. Otras soluciones alargan la ficción de juventud: compartir el piso. Cuando nos queremos volver adultos, nos mudamos con nuestras parejas porque dos salarios compran más metros cuadrados. Y la deuda se comparte, y se agranda.

3. El análisis de En Casa es sombrío: al final del camino las clases medias urbanas dejaremos de existir, y esa desaparición se manifi esta en el mismo suelo que pisamos. Vivir en las ciudades cuesta cada vez más tiempo de trabajo. Y las clases medias desarrollamos estrategias chinas para mantener la alcurnia. Una opción es el Bariloche de los porteños; un cambio por la calidad de vida. O mudarse un poco más lejos. Viajar dos horas para ir a trabajar. Otras, vivir con los padres, o construir en el terreno de los abuelos. Todas formas de saltar el alambrado pero de a uno. Además, el show de la gente en situación de calle ejerce un extraordinario poder disciplinario. Los que logramos conservar nuestro status, somos testigos de este espectáculo. Lo vemos, y ya no nos preguntamos cómo mejorar nuestras vidas sino que peleamos para evitar que se sigan degradando.

A la hora de mostrar alternativas, Chollet se basa en una serie de experiencias bien europeas: ocupación, comunidades, alteridad. Ejemplos de la península escandinava. Sí es más interesante su discusión sobre la renta básica universal y sus implicancias. En su lectura, una política de estas características no aporta tanto una solución como una herramienta para operar contra el ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres, para que el Estado quiebre una lanza por la distribución de la riqueza.

Mientras la nueva derecha argentina bloquea la implementación de la ley de alquileres en la Ciudad de Buenos Aires, es interesante leer a Chollet porque nos invita a repensar cómo el espacio simbólico que concebimos bajo el concepto de casa está cercando nuestra capacidad de habitar.

Hekht, 2017, Buenos Aires, 336 páginas, $ 400.

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