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la revolución que no fue
Al cumplirse los cincuenta días de aislamiento social obligatorio, se organizó a través de las redes sociales un extraña “revolución de los barbijos” que llamó a salir a las calles para desobedecer al gobierno y (sic) “enfrentar al comunismo”. La convocatoria mutó en el camino y finalmente fracasó al no lograr, ni siquiera, la contundencia de un cacerolazo. ¿Cómo opera la tropilla virtual de derecha en la que se mezclan libertarios, trolls, referentes opositores y operaciones mediáticas, para tratar de catalizar las ansiedades sociales y las graves incertidumbres económicas provocadas por el asedio del coronavirus?
08 de Mayo de 2020

 

Los flyers empezaron a circular de manera desafiante la semana pasada, cuando en los oídos del gobierno todavía repicaba el cacerolazo del 30 de abril en repudio a la supuesta “liberación de presos”. Esta vez los anónimos organizadores iban un paso más allá: “Con barbijo y manteniendo la distancia, el 7M volvemos a las calles. Basta de comunismo. Jueves 7 de mayo, 18 hs. En todas las esquinas del país”. Otro flyer, con tono épico, convocaba a “La revolución del barbijo”. La idea era provocar un salto cualitativo y pasar de la ruidosa protesta a la desobediencia abierta.

La convocatoria se judicializó en Rosario, donde la presidenta de la Asociación de Víctimas de Trolls, Güendalina Palazzini, realizó una denuncia ante el fiscal Gustavo Ponce Asahad por una posible “violación de la cuarentena obligatoria”. El Ministerio Público tomó la denuncia, rastreó el inicio de la convocatoria a nivel nacional y elaboró un informe donde se identificaban las cuentas de Twitter y Facebook que iniciaron la convocatoria. “Yo estoy con Lilita”, “Ciudadanos para la República Rosario”, “Jóvenes Republicanos”, “La Acción Pro Córdoba”, “Ciudadanos para la República Santiago del Estero”, entre otras.

Sin embargo, la hipótesis del fiscal es que las caras visibles de la convocatoria fueron los economistas autóctonos del ultraliberalismo Javier Milei y Miguel Ángel Boggiano, hijo del exjuez de la Corte Suprema Antonio Boggiano, integrante de la “mayoría automática” del máximo tribunal durante la década menemista (y destituido por mal desempeño en 2005). El funcionario judicial advirtió que, en caso de que se produjeran “violaciones a la cuarentena en la ciudad de Rosario, se procedería judicialmente”. También se mostró sorprendido de que el fiscal general de la ciudad de Buenos Aires, Juan Carlos Mahiques, no hubiera tomado cartas en el asunto. Los audaces organizadores quizás sintieron la presión y se fueron al mazo.

 

 

un paso adelante, dos atrás

Una simple mirada al hashtag #LaMarchaDelBarbijo en Twitter, ya en los primeros días de difusión de la protesta, permitía constatar por lo menos dos cosas. Primero, que el movimiento virtual involucraba tanto la acción de usuarios promotores de la marcha, como la de los indignados que la repudiaban –sin embargo, a medida que avanzaban los días, estos últimos desplazaron numéricamente a los primeros. La segunda constatación era que los flyers, de prolijo diseño, convocaban a la misma marcha en distintos días: los primeros apuntaban al 7 de mayo, otros al 11 y al 25 del mismo mes.

Finalmente, nada pasó. O, al menos, no demasiado. En las últimas horas, “la marcha de los barbijos” se transformó en la convocatoria a un cacerolazo. Pero las cacerolas sonaron con tibieza, incluso en barrios porteños como Villa Urquiza, Belgrano o Palermo. Las calles permanecieron desiertas o poco transitadas, con algún eventual bocinazo, mientras que los mismos canales de televisión que, hasta ese momento, se habían obsesionado con el malestar general por la cuarentena, se dedicaban a cubrir la evacuación de un geriátrico exclusivo en Recoleta.

Poco después de las 20, el fiscal Ponce Asahad informó en el programa Minuto uno de C5N que tampoco se habían detectado infracciones a la cuarentena en la vía pública de Rosario. Por las redes, al mismo tiempo, circularon burlas contra la protesta que no fue y contra algún que otro trasnochado que aseguraba que el cacerolazo había sido “histórico”. Sorprendidos por el silencio en calles y balcones, los mismos que habían anunciado una histórica contrarrevolución contra el espectro del comunismo advirtieron que la “verdadera” protesta, ahora, se postergaba hasta el 11 o 25 de mayo.

Ahora bien, ¿qué hay detrás de estos movimientos que se producen en el océano cada vez más encrespado de las redes sociales? ¿Se trata efectivamente de un operativo digitado por Milei y Boggiano? ¿Es el regreso del temible y fantasmagórico “call center” de Marcos Peña? ¿Son patrullas perdidas de la antigua revolución macrista de la alegría? ¿Cual es el caldo social que permite que estas convocatorias sean cada vez más osadas?

las cacerolas sonaron con tibieza y las calles permanecieron desiertas mientras que los mismos canales de televisión que se habían obsesionado con los malestares políticos y económicos de la cuarentena cubrían la evacuación de un geriátrico en recoleta

 

el malestar en la cultura de la cuarentena

La misma semana que la “revolución de los barbijos” empezó su aleteo por las redes, las y los médicos añadieron su propia cuota de inesperado malestar al difundir a través de sus contactos un mensaje que interpelaba al apoyo espontáneo que habían recibido desde el principio de la pandemia por parte de un amplio sector de la sociedad: “A las 21 hs NO APLAUDAN MÁS. La Salud está de LUTO”. Con esta impactante consigna, daban cuenta de las rebajas entre el 12% y 40% de sus sueldos, los noventa días de atraso para el pago de facturas, el cobro sin pausa de los alquileres de sus consultorios aunque permanecieran cerrados (a lo que se sumó la resistencia de distintos consorcios para que los abrieran aún con las precauciones del caso) y el cobro del monotributo a pesar de la imposibilidad de generar ingresos por su trabajo.

Pero el verdadero malestar empezó a fermentarse antes, cuando el acceso a los créditos facilitados por el gobierno para pequeños empresarios y monotributistas no resultó ni tan simple ni tan rápido como lo anunciado. Para las PyMES, las dificultades tuvieron que ver directamente con la intermediación de los bancos: garantías insuficientes, riesgos crediticios imprecisos y a veces la absoluta ausencia de “management” para dialogar con los oficiales de cuenta encargados del trabajo, además de las restricciones y demoras para la atención durante la cuarentena, fueron las mejores excusas con las cuales muchas entidades bancarias prefirieron desentenderse del asunto. “Para los bancos una tasa del 24% es un valor risueñamente bajo en comparación a los índices de inflación”, explican desde uno de los bancos privados más importantes de la Argentina. Mientras tanto, que el gobierno invitara a los afectados por las demoras, la desidia o el desinterés a “enviar un mail” para hacer su reclamo cuando ni siquiera la página web de la Anses era capaz de mantenerse en pie, no ayudó a aliviar las ansiedades. Aún así, con distintas turbulencias entre el Banco Central, los bancos privados y los distintos organismos estatales, se estima que hasta el momento se entregaron alrededor de 140 millones de pesos en créditos con tasas del 24% para financiar el pago de sueldos.

Ahora bien, la punta de lanza de la “revolución de los barbijos” fue la supuesta “liberación masiva de presos” denunciada en un audio temerario por la senadora provincial de Juntos por el Cambio Felicitas Beccar Varela. La operación no se quedó en expresiones marginales, sino que saltó durante días a los diarios Clarín, La Nación y a los principales canales de noticias hasta convertirse en uno de los detonantes del cacerolazo del 30 de abril. La convocatoria del #7M, por lo tanto, puede entenderse como el último eslabón de una operación mediática y política mucho más seria y mejor construida, que intentó mostrar al gobierno nacional como responsable de una suelta masiva de criminales con el argumento de la pandemia. En palabras de Roberto Carlés, secretario de la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología. “comunicadores y referentes de la oposición lograron que el gobierno tuviera su cacerolazo el jueves 30 de abril en repudio a algo que no solo no había sucedido tal como se narraba, sino que ni siquiera es competencia del poder ejecutivo”.

“Entre el 17 de marzo y el 17 de abril de 2019, en la provincia de Buenos Aires hubo 1.713 liberados por condena cumplida, libertad condicional y libertad asistida. En el mismo período de 2020 hubo menos: 1.607. Lo que se incrementó fueron las prisiones domiciliarias como consecuencia de la pandemia, que pasaron de 50 en el mismo período del año pasado a 599. En el ámbito federal, esta medida fue concedida solo a 320 de los 1.280 presos que integran la población de riesgo”, indica Carlés. Una aclaración importante es que la prisión domiciliaria no es lo mismo que la liberación o la excarcelación, palabras que se han utilizado como sinónimos en estos últimos días, sobre todo en las redes sociales. Sin embargo, desde una mirada más política, Carlés cree que lo que está en discusión no son los números ni los procedimientos del sistema judicial y penitenciario en Argentina, sino temas mucho más sensibles como la renegociación de la deuda externa, la suspensión de despidos para las grandes empresas durante la cuarentena y la hipótesis de un impuesto extraordinario a la riqueza. “Esas son las discusiones de fondo, mientras que estas otras son herramientas de apriete para debilitar políticamente al gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires”.

el verdadero malestar empezó a fermentarse antes, cuando el acceso a los créditos facilitados por el gobierno para pequeños empresarios y monotributistas no resultó ni tan simple ni tan rápido como lo anunciado. para las pymes, las dificultades tuvieron que ver directamente con la intermediación de los bancos

 

guerrilla digital

¿Fue la fallida “revolución de los barbijos” una campaña armada? Para Damián Coll, coautor del libro ¡En campaña! Manual de comunicación política en redes sociales y veterano de varias campañas virtuales, esa posibilidad siempre existe. El tema es saber si ese armado es orgánico, es decir si está hecho por “trolls” o por una militancia organizada. “Las personas pueden tener motivaciones comunes más o menos obvias y fogoneadas por los medios, lo cual genera una cantidad determinada de expresiones orgánicas en las redes que se retroalimentan entre sí, generalmente entre contactos conocidos. Es el ideal buscado: una viralización orgánica y diversa en la expresión pero que presione sobre un mismo concepto. Por supuesto, es lo que pasa la menor cantidad de veces”.

Las campañas profesionales, en cambio, se construyen a través de “insights reales”, es decir, conductas sociales reconocibles a las que se les da forma y luego se canalizan en un mensaje de tono político que se fogonea primero en un círculo organizado de militantes y políticos de un mismo espacio. A partir de ahí, también se hace partícipes a los periodistas para que ratifiquen o rectifiquen el mensaje y le den mayor visibilidad entre sus seguidores. La dinámica de afirmación/negación o apoyo/descrédito va subiendo el tono de la conversación online y la posible falsedad de los datos en juego que se agregan ayudan a colorear o hacer más creíble la consigna. “Cada usuario de una red social tiene una determinada cantidad de seguidores y a veces lo que ellos opinen puede hacerte pensar que un tema es muy relevante y marca agenda, aunque en realidad solo fue importante en tu pequeño universo, que te deja la sensación de que todo el mundo está hablando de eso”, explica Coll.

Un factor clave para identificar la elaboración realmente espontánea de una campaña online es el diseño: a mayor diseño más “aparateada” está. El diseño “feo”, por ejemplo, se convirtió en un rasgo de estilo deliberado para dar la sensación de que alguien que no sabe de política, marketing ni comunicación se sentó en su PC con tantas ganas de opinar que armó alguna pequeña imagen con texto para sumarse al sentir popular. De todas formas, los efectos reales de estas campañas una vez que su tiempo en las redes se agota, oscilan entre lo indefinible y lo inconmensurable. Depende de cada tema, opina Coll, “pero si se trata de una campaña destinada a erosionar a un político o un espacio político… la perspectiva temporal lo resume todo a una meada en el mar”. En otras palabras, la dinámica del olvido que impone la vorágine de la vida cotidiana neutraliza cualquier fugaz efecto de indignación en las redes. En tal caso, lo que en su momento hizo el PRO fue estandarizar un proceso de trabajo complejo en las redes sociales, lo cual arrastra hasta hoy lo que en marketing se llama know how. Sin embargo, señala también Coll, después de varias campañas el peronismo aprendió muchísimo, al mismo tiempo que la ciudadanía y algunos medios empezaron a revelar los trucos del PRO. Para seguir haciendo lo mismo, por lo tanto, todos necesitan ser mejores.

La historia del know how de la alianza Cambiemos se remonta al famoso “call center” bajo supervisión de quien fuera el Jefe de Gabinete de Mauricio Macri, Marcos Peña. Desde ahí se elaboraron distintos “activos digitales”, que todavía prestan servicios para los equipos de redes de distintos funcionarios del macrismo. Esta práctica tampoco es ajena al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dirigido por Horario Rodríguez Larreta, cuyo centro operativo funciona en Parque Patricios. Sin embargo, según Coll, otro factor importante para entender la organización de la “revolución de los barbijos” es el efecto de la cuarentena prolongada sobre quienes pasan el tiempo conectados a internet. “Los estados de ánimo en las diferentes capas sociales están alterados de diferentes maneras y hay mucha susceptibilidad y predisposición a engancharse en favor o en contra de cualquier propuesta relativa a la cuarentena. Todos, en algún momento de estos cuarenta y pico de días, escribimos redes o golpeamos una cacerola o aplaudimos algo. Pero no seamos inocentes: el lobby que marca agenda y modifica conductas y medidas se hace en otro lado y de otra manera”.

 

los pibes libertarios

Apenas una hora después del tibio cacerolazo de anoche, mientras Javier Milei ofrecía su show habitual en un canal de YouTube, Gustavo Sylvestre se refirió en C5N  a una fantasmal cuenta de Twitter denominada “Pibes libertarios” que llama a “marchar contra la cuarentena”. La mención obtuvo réplicas virulentas e inmediatas. Una de ellas corresponde al conductor radial Emmanuel Danann, quien se define como “Anarcomenemista y neoliberal”. El personaje cobró notoriedad en las redes a través de YouTube, donde pueden encontrarse videos de su programa de radio en los que replica a oyentes que llaman para objetarle diversas opiniones, sobre todo las referidas a cuestiones de género. Además del feminismo, sus adversarios son “los falsos libertarios”, los ateos, los chimenteros, el colectivismo y el lenguaje inclusivo, entre otros tópicos. Los videos suelen contar con cientos de miles (a veces millones) de visualizaciones y comentarios entusiastas. Hasta es posible encontrar, entre ellos, una amistosa conversación con Javier Milei. Uno de los éxitos de Danann fue una serie de ingeniosos montajes sobre los personajes animados de La Liga de la Justicia, rebautizada “La Liga de la Justicia Social”, que circularon con intensidad en redes sociales y WhatsApp.

Bajo el hashtag #BastaDeCuarentena pueden encontrarse otras curiosidades, como un insólito video donde un desorbitado Milei actúa una especie de destrucción del Banco Central, acompañado por música de heavy metal. Al menos, eso es lo que se desprende del texto del tuit que lo comparte: “@JMilei destruye al @BancoCentral_AR y @AgustinLaje y @DanannRock te advierten de cuál podría ser la última carta para la Argentina… y no son cacerolazos. VIVA LA LIBERTA CARAJO!”. El tuit, emitido por un tal Julián Cepeda (que cuenta con 15 seguidores, uno de los cuales es el archiconocido “troll” Gustavo Frondizi, que anoche mismo exaltaba el cacerolazo), fue retuiteado tanto por Milei como por Agustín Laje, lo cual permite suponer que las voces que lo cierran pertenecen efectivamente a los dos arrobados: “Hace falta ya gente un poco más despabilada”, dice uno, mientras flamea una bandera argentina. “Si en Argentina la gente fuese un poco más despabilada, de esta clase política no queda nada. Tendrías algo equivalente a la revolución francesa. Con gente un poquito más despabilada, la gente saldría a buscar a estos políticos, no voy a decir a hacer qué… no lo voy a decir porque si no, ahora sí que me terminan de bajar de Instagram y de todas las redes sociales. Imaginátelo”.

Agustín Laje es otro personaje conocido en las redes sociales. Escritor, youtuber y autor de El libro negro de la nueva izquierda, un best seller de Amazon, suele ser presentado como “representante de la nueva derecha latinoamericana”. Al igual que Danann, su capacidad dialéctica queda fuera de discusión. Sus contiendas habituales suelen ser con la “ideología de género” y el aborto, entre otros tópicos.

Los vasos comunicantes están a la vista: Danann, además, es conocido entre el público de YouTube como “el amigo de Dross”, un muy talentoso y célebre youtuber venezolano residente en Argentina, cuyos videos sobre ocultismo, asesinos seriales, teorías conspiranoicas y ovnis son furor en toda Latinoamérica. Dross (seudónimo de Angel David Revilla) es, además, un fenómeno literario, en especial en la franja juvenil. Los videos que sube habitualmente a YouTube reciben millones de visualizaciones en pocas horas.

“los estados de ánimo en las diferentes capas sociales están alterados y hay mucha predisposición a engancharse en favor o en contra de cualquier propuesta relativa a la cuarentena. pero no seamos inocentes: el lobby que marca agenda y modifica conductas y medidas se hace en otro lado y de otra manera”

 

¿quién fue?

¿Quién armó entonces la campaña para “la revolución de los barbijos”? ¿Fueron los mismos responsables de convocar al cacerolazo del 30 de abril? ¿Fue una acción coordinada o el resultado de una convergencia espontánea de voluntades? Resulta imposible determinarlo con certeza. Así como circularon flyers convocando a la marcha y los cacerolazos, también aparecieron otros que buscaban desalentarlo.

Ante la insatisfacción por un aislamiento cuyo horizonte es todavía incierto y una crisis económica cada vez más preocupante, distintos grupos se disputan la vanguardia de la oposición.

Los libertarios encabezados por Milei y Boggiano y señalados por el fiscal Ponce Asahad, montados sobre operaciones de prensa de las que difícilmente formen parte, aparecen como el ala insurreccional de un sector en el que conviven con el macrismo residual de Patricia Bullrich, Miguel Ángel Pichetto y el propio Mauricio Macri, y con sectores más moderados (y con responsabilidades de gobierno) como el que representa Horacio Rodríguez Larreta. Por supuesto, tienen a su favor un tinte antisistema que seduce a un amplio público joven que los consume desde hace años en las redes sociales, pero no de una manera demasiado distinta a como se consumen memes en Twitter o videos con los momentos más graciosos del Red Dead Redemption 2 en YouTube. En términos políticos, nunca formaron parte del macrismo, al que despreciaron casi desde el comienzo, y en términos culturales producen también contenidos que van mucho más allá del discurso economicista de Milei.

En la emisión de anoche de Animales Sueltos, Luis Novaresio ironizaba sobre lo confuso de la convocatoria al #7M:

-¿Hubo un cacerolazo hoy? Era difícil entenderlo. A las seis de la tarde marchaban contra el comunismo. Evidentemente, no había caldo de cultivo –dijo el conductor, que contribuyó desde su programa con entusiasmo y sin ningún pudor, hasta la semana pasada, en la difusión de noticias sobre la supuesta liberación masiva de presos.

Al parecer, la disputa es por el sentido común. Y los sectores más radicalizados están lejos de ganarla. Sin duda, eso no será un obstáculo para que vuelvan a intentarlo.

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