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algo más que una elección en río negro
El domingo Río Negro elige nuevo gobernador y se dirime el heredero político de Carlos Soria, el exmandatario asesinado en 2012. ¿Podrá su hijo, candidato del Frente para la Victoria, destronar a la sucesora de Weretilneck, su exvice? Cambiemos lejos otra vez de la disputa, en un incómodo tercer puesto. Y Pichetto, el operador, fuera del juego por los votos.
Ilustraciones: Panchopepe
03 de Abril de 2019

El camino comenzó la madrugada del primero de enero de 2012, cuando una bala calibre 38 mató en su chacra de General Roca al recientemente asumido gobernador Carlos Soria. Aquella noche, entre lamentos, se empezó a escribir el entramado de la historia política de Alberto Weretilneck y su fuerza provincialista Juntos Somos Río Negro.

Habían pasado pocas horas del disparo mortal cuando desde la Casa Rosada llegó a Río Negro un mensaje claro: “No llamen de nuevo a elecciones, que asuma Weretilneck”, dijo, palabras más palabras menos, la por entonces presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner. Al otro lado del teléfono, el senador Miguel Pichetto se desarmó en una mueca agria. Como sucesor natural de Soria dentro del peronismo, soñaba convertirse en gobernador a través del llamado a nuevas elecciones.

Fue entonces Weretilneck quien asumió el gobierno, y comenzó un proceso de desperonización de su gestión que derivó en el armado de un partido provincial que casi cuatro años después –en 2015– le permitió reelegirse. Llegado 2019, la característica fundante de aquel primer mandato lo llevó a intentar un tercer período, que fue rechazado por la justicia. Esa circunstancia, y la sucesión de adelantamientos provinciales en el decisivo año electoral, ponen a los comicios de Río Negro en el centro de la escena política de esta semana.

De un lado, la heredera de Weretilneck, la barilochense Arabela Carreras; del otro, el heredero de Carlos Soria, su hijo Martín, intendente de General Roca y candidato a gobernador del FPV. En tercer lugar, la candidatura de Cambiemos –que el radicalismo le arrebató al PRO–, y que las encuestas dan orillando un magro 10%.

 

estrategia re-reeleccionista

De un lado, la heredera reciente de Weretilneck, la barilochense Arabela Carreras, aspirante a continuar en el poder por Juntos Somos Río Negro; del otro, el heredero de Carlos Soria, su hijo Martín, intendente de General Roca y candidato a gobernador del Frente para la Victoria. En un tercer espacio, la candidatura testimonial de Cambiemos –que el radicalismo le arrebató al PRO–, y que todas las encuestas dan orillando un magro diez por ciento. Tres fuerzas de izquierda –todas trotskistas– y un partido provincial del peronismo residual/ortodoxo, cierran la oferta electoral para el domingo 7 de abril en la Provincia.

Algo más de 542.000 electores están habilitados para votar, de los cuales 97.000 residen en Bariloche, ciudad que desde 2003 se ha mostrado fiel al Frente para la Victoria. Roca, la ciudad gobernada por Soria desde hace ocho años –y por su padre los ocho años anteriores– tiene 77.743 electores; mientras la capital provincial, Viedma, ronda los 50.000 votantes. El resultado en Bariloche será clave para la elección, ya que los comicios de Viedma y Cipolletti se calculan favorables a Juntos Somos Río Negro y podrían amortizar la importante diferencia que Soria sacará en su ciudad de origen.

Weretilneck forzó hasta último momento su apuesta por ser candidato a un tercer mandato, a pesar de lo específico y claro del texto constitucional provincial. Pura estrategia. Aun a sabiendas del riesgo de que la Justicia le ponga un freno, la intentona le permitió encabezar la campaña hasta quince días antes de la elección, y capitalizar lo que puertas adentro de Juntos Somos Río Negro es un eco imparable: él era el único dirigente de esa fuerza capaz de ganarle a Soria.

Fuentes del oficialismo rionegrino admiten que el senador nacional Miguel Pichetto jugó un rol importante en la definición de esa estrategia re-reeleccionista, a pesar de que fueron rivales en 2015 y el proceso de desperonización de Weretilneck dejó sin trabajo a varios pichettistas. Pero el vínculo se fue reconstruyendo al calor de las mutuas cercanías con el gobierno nacional de la alianza Cambiemos; y por oposición a la creciente influencia de Soria en el PJ rionegrino. Dicen que el senador hasta habría realizado gestiones ante los ministros de la Corte Suprema de Justicia para que habiliten a Weretilneck a un tercer período. Pero, con voto dividido, la Corte dijo no, y ahora el oficialismo sueña con que la transferencia de votos en favor de Arabela Carreras alcancen para derrotar al Frente para la Victoria, consolidar el poder provincial, y ofrendarle al gobierno de Cambiemos un nuevo traspié peronista.

 

cuestión de herencias

Carreras comenzó su derrotero político en un partido vecinal de Bariloche, que en las elecciones provinciales de 2011 se unió al peronismo que postulaba a Carlos Soria. Creció bajo el ala de dirigentes justicialistas y cuando Weretilneck tomó distancia del PJ –en coincidencia con la pérdida de respaldo político del gobierno nacional de Cristina–, ella optó por el sector que lidera el actual gobernador. Su lealtad fue reconocida: reelecta legisladora en 2015, en 2018 la designaron ministra de Turismo, y Weretilneck la eligió como compañera de fórmula para este año. Luego del traspié en la Justicia, el mandatario provincial la erigió candidata, sostenido en su decisión solo por el círculo más cercano. En caso de ganar, la ministra de Turismo deberá administrar la Provincia y también las tensiones internas inherentes a un partido construido a imagen y semejanza de Weretilneck.

Poco se habló de ideas en la campaña, por caso cómo salir del atolladero que implica una deuda de 22.300 millones de pesos, de la cual el 70% fue contraída en dólares. Desde el oficialismo minimizan el impacto de los vencimientos para los próximos años, o sobrevaloran la capacidad de renegociación. La oposición no supo transmitir durante la campaña los riesgos de tener una deuda equivalente al 27% del Presupuesto. Así, todo fue denuncias, chicanas y judicialización.

Soria priorizó apariciones públicas escasas, confiado en los números de las encuestas que, hasta hace algunos meses, lo daban como claro ganador. Su mensaje durante las recorridas y actos fue unívoco: apuntar a la cercanía entre Weretilneck y Macri. “Son socios en el saqueo al país y la Provincia”, repitió.

Puertas adentro del peronismo rionegrino –que no logra salir de la inercia perdedora, después de 28 años de dominio radical y apenas 21 días en el Gobierno, desde el 10 de diciembre de 2011 hasta aquella madrugada trágica en la chacra de General Roca–, Soria jugó una apuesta fuerte: “ni pichettistas ni La Cámpora”, dijo; y los apartó de las listas de candidatos a legisladores y de la fórmula gubernamental.

A pesar de que Cristina Fernández es la dirigente con mayor intención de voto en Río Negro –supera el 60%, aseguran los encuestadores–, Soria no buscó una foto con la expresidenta, y no utilizó su nombre en la campaña. Las consecuencias de la estrategia de no kirchnerización también se verán el próximo domingo: si gana Soria está llamado a monopolizar el liderazgo del peronismo rionegrino por muchos años; si pierde son muchos los que esperan con los cuchillos afilados.

Siete años después de aquel trágico hecho fundante de la carrera política de Weretilneck y del impacto emocional y vital que implicó para Martín Soria, las cuitas se dirimirán en las urnas. Hay en juego algo más que una elección. Se resuelven también las herencias políticas: la de Carlos Soria y su hijo; la de Weretilneck y su elegida para intentar demostrar que lo suyo no es solo una construcción personalista.

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