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autogestión y libertad / hit teatral / entrevista a piel de lava
chicas en banda
Hace dieciséis años que escriben y actúan sus propias obras en la potente escena teatral independiente de Buenos Aires. En 2018 metieron su primer hit hipermasivo con Petróleo, estrenada en dos teatros estatales y ahora en una sala comercial en la reciclada avenida Corrientes. Las cuatro se empilchan como obreros para explorar con agudeza y humor masculinidades duras explotadas en el boom de la economía extractivista. Una comida con Piel de Lava sobre teatro, autonomía, escritura a ocho manos, rock y luchas feministas.
Fotografía: Estrella Herrera
24 de Julio de 2019
crisis #38

 

Este grupo de cuatro actrices y dramaturgas fundado en 2003 y templado todos estos años en la escena independiente, metió el último gran hit del teatro argentino en el circuito oficial y actuando de hombres proletarios. Su obra Petróleo agotó localidades en todas sus fechas en el teatro Sarmiento primero y en el San Martín después. Agotado, agotado, agotado por gente que se fascina al ver interactuar a estos cuatro tipos que hacen un trabajo bien de machos en las inmediaciones de un pozo en la Patagonia, apretados por el doble absurdo de la masculinidad machista y de la productividad permanente. En pleno auge de la marea feminista, el éxito de Petróleo fue tal que ahora las Piel de Lava llevaron la obra y su trabajo autogestivo y horizontal al teatro Metropolitan de la calle Corrientes.

Su masificación -en total llevaron el equivalente a cuatro Luna Parks con Petróleo- contó también con un motivo cinematográfico: las cuatro progatonizaron La Flor, el (mega)largometraje de Mariano Llinás que ganó el BAFICI en 2018 y ellas -algo inédito- el premio a la mejor actriz. En el asado con integrantes
(dos muchachas y tres muchachos) de crisis, Laura Paredes (LP), Pilar Gamboa (PG), Elisa Carricajo (EC) y Valeria Correa (VC) se muestran alegres y plantadas, devolviendo los cuestionamientos con risotadas y un poco ásperas si hace falta. Mencionan a Vivi Tellas, responsable artística del teatro Sarmiento, quien las convocó para realizar una retrospectiva completa de sus primeras cuatro obras y crear una nueva, la notable Petróleo. Usan la palabra “consagración” ocasionalmente pero agarrándola entre comillas. Están ávidas por ver qué sigue pasando, tiene en claro de dónde vienen, en qué lugar viven, y no tanto hacia dónde van. En el teatro, como en política, saber demasiado el lugar de destino deserotiza el presente, afirman. Por lo pronto, disfrutan tanto el morfi y el vino como conversar y rebatir “preguntas típicas de los hombres”.

Pilar Gamboa: "Los varones no se sienten tan observados en ese sentido. Es nuevo, y a la vez cuando improvisábamos te dabas cuenta que hace mil años que los estamos mirando. Lo que la obra hace intuitiva y sencillamente es decir 'ustedes también son observados, también la masculinidad se observa.'"

 

¿Por qué creen que esta obra pegó tanto?

EC: La obra claramente interpeló al contexto pero no es que dijimos “ah, mirá que interesante hablar de esta obra en este momento”. Se nos ocurrió hacer de tipos, pero desde un punto muy ciego lo hicimos, el punto ciego intuitivo de los que escriben, de los que crean. No desde una ingenuidad absoluta, obvio que
todas nuestras obras hablamos de lo que queríamos hablar, de lo que nos pasaba en el momento, pero si hubiéramos tenido la estrategia calculada de instalar el tema no hubiera funcionado.

PG: Además armamos la obra en un marco de locura total porque estábamos haciendo la retrospectiva, todas las otras obras juntas. No había tiempo ni para especular, ni para pensar, ni para nada. Había que hacer, hacer, hacer, y mientras hacíamos las otras (el jueves una obra, viernes otra, sábado otra, y domingo otra) hicimos Petróleo. Al comienzo solo teníamos la idea de hombres. Y a partir de ahí dijimos ¿qué hombres? Bueno, hombres trabajando: el cuerpo por excelencia masculino. Y que trabajen de algo que sea exclusivamente de hombres. Un mundo de trabajo masculino, con todos los temas que puede abarcar ese mundo.

 

Una suerte de womansplaining pero sin una mirada agresiva.

LP: La obra explora masculinidades en un momento donde el movimiento de mujeres está estallado, muy abierto, y están pasando un montón de cosas, muchas que son más urgentes. Nosotras exploramos la masculinidad desde un lugar humorístico.

VC: Es cierto que siempre estamos muy acostumbradas a ver varones haciendo de mujeres, y, en general, parodiando a la mujer. Los Midachi, también Fabián Gianola, una parodia de lo femenino. Salvo Gasalla quizá. Y nosotras dijimos "bueno, vamos a hacer de hombres pero no vamos a parodiarlos, vamos a dragearlos de verdad". Tipo, vamos a hacer Drag King. Si salimos de acá y vamos a tomar una birra con todo esto puesto nadie debería decir “estas son mujeres”. La obra visita la masculinidad sin parodia. Con una mirada un poco más piadosa, también, para lo masculino.

PG: Sí, una mirada bastante amorosa. Y se ve que eso entró en un momento donde fue posible esa mirada. Las mujeres se mueren de la risa, se mueren, aplauden, se levantan del asiento cuando termina la obra. Y los varones están como más nerviosos. Un amigo que fue a verla nos decía “ustedes no saben lo que es el baño de varones cuando termina la obra. No volaba ni una mosca”. Obvio que la obra habita estereotipos masculinos, ¿no?, pero en el sentido de que el teatro exacerba siempre, el teatro opina exacerbando. La gente se mata de risa porque conoce a un montón de tipos que se hacen el macho, o como Formosa [uno de los personajes], esos petisos caminando para adelante, o como Montoyita [otro personaje] que no tiene novia y tiene que decir que la tiene. No es un procedimiento humorístico humillante. O que quiere confirmar lo que ya sabemos sobre el machismo.

 

¿Cómo incidió, en esa mirada piadosa, que fueran laburantes?

PG: Claro, una mirada piadosa y amorosa sobre todo con la clase trabajadora. También es el lugar donde se juega más el sobreactuar la masculinidad para sobrevivir, ¿no? Nosotras intuitivamente dijimos “bueno, vamos a hablar de hombres” y aparecían trabajadores, no nos salía probar ingenieros. Siempre salía el tipo de trabajo de poner el cuerpo, el lugar donde hacerse el macho es el que te garantiza la vida, donde se ve que el patriarcado nos hace mierda a todos. No fue algo pensado de antemano, desde la improvisación aparecía eso. En general las obras te empiezan como a dictar para dónde ir. Así fue también que nos dijimos “son los noventas”.

 

¿Y por qué los noventas?

VC: Nuestra adolescencia fue en los noventas, es un momento en donde estas mirando a los chabones o a las minas, mirando a las personas, viendo el mundo e identificándote, qué sos, qué no. Pero también muy noventas en el sentido de todavía sin una conciencia de género. Actualmente aunque no te pongas a leer una teoría de género, está la marcha ahí, está pasando; y si vos sos muy cavernícola va a venir tu sobrina nieta y te va a decir que está a favor del aborto; algo te va a entrar. Estos chabones son previos a eso, no están esos temas, no son unos negadores, no están.

EC: También es el momento en el que uno se constituye en un género. Que también es un momento que de alguna manera decidís o te toca dejar afuera un campo de sensibilidad, dejás afuera un montón de cosas. Decís “bueno, me voy a constituir como mujer”. Y creo que hay algo de lo amoroso, que hablábamos, que viene de ahí, de entender que también del otro lado se construyeron así, excluyendo cosas del campo sensible, ponerse crema, de ponerse ropa linda, maneras de tocar...

 

Las Piel de Lava están juntas desde 2003, aquel año de confluencia entre el reflujo de las movilizaciones del 2001 y el nacimiento del kirchnerismo. Para ellas el método de investigación que generó Petróleo fue aparentemente simple: invertir el punto de observación. “Las mujeres siempre somos las observadas, ¿no?”, preguntan de manera retórica. Ese desplazamiento de las mujeres como objeto de las miradas escrutadoras para colocar allí a los varones les permitió descubrir que en realidad contaban con toda una serie de saberes acumulados de años de mirarlos con detenimiento.

PG: Los varones no se sienten tan observados en ese sentido. Es nuevo, y a la vez cuando improvisábamos te dabas cuenta que hace mil años que los estamos mirando. Lo que la obra hace intuitiva y sencillamente es decir “ustedes también son observados, también la masculinidad se observa”. Eso genera un procedimiento humorístico muy sencillo: “ah, esto es gracioso”. Para ciertas masculinidades en deconstrucción o lo que sea, es relajante. Por eso vienen muchos varones y se divierten. Porque es relajante decir “bueno, qué bueno podemos empezar a reírnos de esto, y ser un montón riéndonos”. Se siente mucho que el evento es público, es como medio recitalera la obra.

LP: Cuando la preparábamos había un ejercicio que hacíamos donde en cinco pasos había que pasar del eje femenino al masculino, es decir, en cinco pasos cómo encontrás al chabón; y era muy angustiante
cuando te dabas cuenta de que sólo aparecía el eje masculino cuando te sentabas cómodo en la silla. Y ocupabas más espacio, como “ay, estoy ocupando el espacio que más o menos ocupo”. Y era angustiante admitir “me siento cómoda en la silla y ya me siento un chabón”.

VC: Haciendo de hombre hay una zona que se te relaja. La verdad que nosotras no estamos pendientes especialmente de estar lindas, no lindas, no sé qué... pero estás, porque tenés un vestido, tenés unos tacos, los tenés que llevar, como cualquiera. Ahora si lo que tenés que llevar es una barba y un pantalón ancho y una campera ancha y unas zapatillas, es más cómodo por un lado; y por otro no se te ve el cuerpo, hay algo que no está expuesto a un valor.

PG: Te vestís de chabón y tenés diez años menos.

LP: Sentís menos peligro en la mirada.

PG: ...y hay algo más relajado. Imaginate en la vida. Las ganas de salir del ensayo e ir a tomar el subte con esa ropa, abrir las piernas. ¡Ser chabón!

 

¿Cómo entienden ese clima festivo del público mientras vive la obra?

PG: Es como un desahogo que se festeja cuando los protagonistas paran el pozo [de petróleo] y dejan de producir. Es una fábula simple, revolucionaria, donde ellos deciden ponerse unos tacos y que se vaya todo a la mierda. Dejan de producir género, dejan de producir dinero, dejan de producir.

Laura Paredes: "Pero en la creación colectiva hay algo medio milagroso que es que no nos acordamos quién escribió qué. Eso es un milagro. Que ojalá se pusiera más en práctica. Políticamente hablando, digo".

 

La conversación fluye al compás de los jugosos cortes de carne y las botellas de tinto vacías acumuladas a un lado de la mesa. A pesar de la parva de entrevistas brindadas en los últimos meses, el grupo no pierde la espontaneidad y el genuino interés por la reflexión en torno a sus obras. Pero al escucharlas queda claro también que las interpretaciones que cada una ahora hace de Petróleo se ha ido ramificando y homogeneizando inevitablemente de tanto responder en poco tiempo preguntas del periodismo. Cuando se les anticipa un interrogante incómodo hacen un alto en la comida y observan agazapadas.

 

Rita Segato expresó en el último tiempo algunos enunciados fuertes. Uno de ellos es “que la mujer del futuro no sea como el hombre del pasado”. Es decir, la idea de “ahora vamos a reventar a los hombres” tiene fuerza pero también es compleja.

LP: Pero, ¿qué es lo incomodo? No entendí...

Bueno, si esa mirada amorosa, piadosa, sobre los varones en su obra no transforma a Petróleo en algo consensualista, como si dijeran “paremos un poco con la guerra de los sexos”.

EC: No, creo que todo lo contrario. Es porque estuvo eso, que estamos en este lugar de poder, gracias a que el movimiento de mujeres viene teniendo una mirada muy confrontativa en algunos momentos y de
mucho enojo, que nosotras podemos encontrar este oasis donde podemos reírnos. Es decir, una vez que aparece la confrontación y con eso cierta idea más punitivista podemos empezar a decir “no, por acá no”.
Pero si no hubiera estado el movimiento anterior, no podríamos estar haciendo esta llamada de atención.

PG: Yo te devuelvo la incomodidad un poquito también. Está la necesidad todo el tiempo de decir “voy a ponerme incómodo con vos”. Y la necesidad de decir “ah, pero ustedes son otra línea”. La necesidad es de afuera, del varón en general de decir “pero no están dentro de la misma línea, no están dentro de la misma línea”. Sí, estamos todas dentro de la misma línea y cada una opina desde el lugar que le nace
genuinamente. Es un movimiento muy amplio, y si hay problemas dentro del movimiento bienvenidos sean, pero ojo con tratar de fracturar más que de decir “qué bueno que está esta mirada más amorosa, qué bueno que está esta mirada después de tantos años de violencia”.

VC: Yo creo que igual nuestro peor pánico era “¿vamos a hacer una obra obvia? ¿Vamos a decir eso que es obvio sobre el género?”. Y creo que por eso apareció el humor.

PG: El patriarcado me chupaba un huevo, más miedo tenía a los obreros. ¿Qué vamos a opinar sobre los obreros? ¿Cómo van a hablar? Eso a mí me daba mucho más terror, pánico y todo que lo que pudiera pensarse sobre el feminismo, el patriarcado y la mar en coche.

 

Lo más frecuente en el teatro -el espectáculo en general- son las consagraciones individuales, el fetiche del nombre propio. Las Piel de Lava hacen trabajos por separado, pero en las tres horas de conversación se percibe flagrante la argamasa colectiva. Quizá ya en esa decisión pueda leerse una disidencia respecto de los parámetros y lógicas dominantes no solo en la escena artística sino en la ciudad en general.

 

¿De dónde viene lo colectivo, en su historia, qué referencias tiene?

PG: Yo creo que viene de la música, como de la banda. Cuando me di cuenta que cantaba mal, era la única manera de armar una banda.

 

¿Y de qué música, qué experiencia con la música?

PG: De los recitales, qué se yo...

 

¿De los Redondos por ejemplo, que suenan en un momento de Petróleo?

LP: Sí, de los Redondos.

PG: De los Redondos, ni hablar, y bandas que te gustan. Ver los Babasónicos desde muy pendeja. Tener una banda, una pandilla.

LP: Sí, creo que eso nos tiene medio obsesionadas. Y reconforta mucho constatar que hay un público al que le interesa un grupo como tal. Porque en un grupo inevitablemente hay militancia.

VC: Como grupo empezamos en 2003, pero nos conocemos desde el 2000, 2001. Era sobrevivir, pero sobrevivir juntas. Eso que decíamos de sobrevivir a tus laburos de mierda, sobrevivir a tener veinte, después a tener treinta en esta sociedad, en este país.

EC: Y una terquedad en la horizontalidad, ¿viste? Eso fue también una militancia de mucho tiempo. De decir “bueno, se puede crear, se puede crear sin que haya una cabeza”, sostener cierto funcionamiento más colectivo de la creación y desmitificar un poco como la idea de “el creador”.

Elisa Carricajo: Por supuesto que vamos a pelear porque la cultura pública se haga cargo de conectar el movimiento cultural que existe con un público; eso es una responsabilidad de la cultura pública. Pero no militamos para que nuestra vida esté subvencionada por el Estado; es peligroso ese deseo.

 

Cuando ya parecen apaciguarse las tensiones transitorias, un integrante varón de crisis les consulta si se les puede hacer una última observación desde un lugar masculino [Risas]. Las cuatro cantan retruco: “Hacé todas las que quieras, estamos para ayudarte”. Al escuchar la pregunta, tanto en ellas como en las dos integrantes de la revista, aflora un hartazgo por que las mujeres deban siempre explicar las razones de su masividad. En el caso de las Piel de Lava que hayan sido vistas por más de treinta y cinco mil personas.

 

Para que se consagre un sujeto femenino, encima proveniente del off, ¿ayudó que sean cuatro? ¿Hubiera sido más difícil que sea una mina la que haga algo y consiga un triunfazo?

LP: No sé, pero es interesante tu pregunta, porque yo tengo la sensación que es la neurosis femenina siempre, más allá de que esté en agenda el feminismo y todo. Como la cosa de “¿pero no te lo están dando por otra cosa?”. Y no, hubo un montón de público para esta obra, no sé si ayudó que seamos mujeres, no me interesa pensar en eso.

 

Pero la pregunta no es si ayudó que sean mujeres, sino que para que las mujeres sean reconocidas y fuertes tienen que ser una banda.

VC: Tal vez sí.

LP: No sé, nunca lo pensé...

VC: Yo tampoco...

PG: Pero puede ser, ahora que lo decís (risas).

EC: también empieza a haber muchas mujeres en el teatro que empiezan a hacer, a exigir y a ser reconocidas. Nosotras estamos trabajando desde el 2003, Y tuvimos la suerte que Vivi Tellas tuviera interés y nos convocara. Pero además, si fuera el caso de que la cuestión de género entra en agenda y nos beneficia a las mujeres, hay que ocupar los lugares y punto, se terminó.

LP: Sí, eso digo, no te lo digo con mala onda, para nada, pero no quiero tener esa neurosis, no quiero pensar en esa pregunta que nos hacen.

PG: ¡Por qué a los hombres no le preguntan esas cosas nunca!

LP: Porque no sé si se lo preguntarían a un hombre.

EC: Si fuera un hombre nadie le preguntaría por qué le fue bien.

VC: Exacto. O si fue solo o en grupo...

EC: Ocurrió, ocurrió con ese misterio como ocurren las cosas. Que nunca sabés por qué ocurren del todo.

 

Y artísticamente, ¿creen que el trabajo colectivo da un plus?

EC: Es algo que aprendimos también. Nosotras en el 2001 estábamos haciendo una obra con [Rafael] Spregelburd y éramos cuarenta haciendo Bizarra en el Rojas. En un momento de mucha ebullición. Y hubo algo que se generó ahí, de bueno, no puedo estar en la facultad, no puedo estar en el trabajo, porque no tengo... entonces estoy acá ensayando, estoy trabajando, acá en este teatro. Y eso nos formó. Nos formó de alguna manera, y aprendimos de gente que era más grande que nosotras, y estaban muy parados.

 

¿Puntualmente Spregelburd?

EC: No, el entorno, como una generación.

PG: Toda una generación que dijo “bueno, no esperes que te llamen. Salí a hacer tus obras, juntate en un living aunque parezca loser".

LP: Pero en la creación colectiva hay algo medio milagroso que es que no nos acordamos quién escribió qué. Eso es un milagro. Que ojalá se pusiera más en práctica. Políticamente hablando, digo.

VC: Además no es “democracia”, no hay voto. No es que una de las cuatro cede. Hasta que no tenemos consenso y estamos contentas, no se decide.

LP: Para probar las cosas ponemos el cuerpo. No es sólo hablar. El hablar es también poner el cuerpo. Y cuando ponés el cuerpo estás en contacto con cosas que por ahí no estás en contacto más racionalmente pensándolas, estás en un fluir más inconsciente. Y eso puede generar una especie de mente colectiva.

 

Y para relacionarse con el Estado, ¿es un problema, es un plus?

LP: En el San Martín flipaban: “¿Con quién hablo? ¿Quién es la directora?”. ¿Cómo? ¡Con todas!

EC: Nuestra historia juntas es una potencia. No ponemos todas las fichas en que la cultura pública nos subvencione, porque sería perder cierta capacidad que tenemos de sobrevivir y pensar de otras maneras. Por supuesto que vamos a pelear porque la cultura pública se haga cargo de conectar el movimiento cultural que existe con un público; eso es una responsabilidad de la cultura pública. Pero no militamos para que nuestra vida esté subvencionada por el Estado; es peligroso ese deseo. Queremos que el Estado se haga cargo de las necesidades culturales de la población.

 

El cierre de las más de tres horas de comida y charla es caótico. Ya pasó la medianoche del martes y al otro día hay que combinar empleos, la gestión cotidiana de hijos e hijas, trámites y otras entrevistas. Piel de Lava está en medio de los ensayos para el tercer reestreno de Petróleo, está vez en una sala comercial y ellas en el lugar de coproductoras. La expectativa es lógicamente grande. Un paso trascendental de una longeva banda autogestiva que desde hace más de un año ya actúa en todas las canchas.

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