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el operador en su laberinto
Javier Fernández es uno de los personajes más recónditos de la escena política argentina. De los que conocen la sala de máquinas del poder, sin haber pasado jamás por elección alguna. Operador judicial del kirchnerismo en los pasillos de Comodoro Py, cayó en desgracia junto a su amigo Jaime Stiuso hacia el final del mandato de Cristina. Aun así, cuenta con la anuencia del sistema político para seguir siendo Auditor General de la Nación. Hace mucho no se escuchaba su voz, salvo en los Tribunales. Ahora decidió hablar, vaya uno a saber por qué.
Fotografía: Luis Bello
30 de Septiembre de 2019

Javier Fernández (der.)

Hace varios años ya que guarda silencio y suena enojado. Contesta las preguntas con una bronca que le nace de las tripas. A lo largo de una hora insulta y reflexiona, levanta la voz y acto seguido casi que susurra. Recuerda cuando lo balearon, lamenta las 16 pastillas que toma diariamente; pero fundamentalmente se siente solo, al costado del espinoso camino que comunica la Rosada con Comodoro Py. Sin embargo, Javier Fernández (JF) conoce algunas claves del poder:

- ¿Quién creés que tendrá la interlocución con la justicia en el próximo gobierno?

JF: La persona que tiene Alberto es Marcela Losardo, cuyo esposo es (el escribano Fernando) Mitjans, presidente del Tribunal de Disciplina de la AFA.  Ella está en condiciones de conducir el diálogo con los jueces, pero depende de Alberto.

Cuando Fernández lanza nombres marca territorio. Por eso linkea a Losardo con su esposo, quien hace unos años fue “escuchado” hablando con Daniel Angelici sobre unas sanciones contra los jugadores de Boca.

 

power relacional

Su nombre es una marca. Está publicado por todos lados y no le gusta. Conocido como un operador judicial todo terreno del peronismo, él piensa que es un chivo expiatorio de otros más pillos. De allí su certeza de que los suyos lo traicionaron y lo tiraron a los perros, y que el macrismo ejecutó una venganza.

Fernández hablaba con Néstor Kirchner mano a mano y también con Cristina. Es amigo de Jaime Stiuso y de Darío Richarte. Desde su perspectiva, el Tano Angelici entiende los códigos, no como otros integrantes de la mesa judicial macrista que se enceguecieron con la vendetta; muchos jueces y fiscales actúan para salvar su pellejo ante todo y de esa manera convirtieron a Py en un lodazal. A María Romilda Servini le dice “mamá” y ella le responde llamándolo “hijo”. Es padrino de la hija del juez federal Luis Rodríguez pero hace ocho años que no va a sus cumpleaños para no perjudicarlos. Con Claudio Bonadio tenía una gran relación pero algo se rompió cuando lo llamó a declarar en la causa de los cuadernos. La corporación política le renueva su voto de confianza como auditor general de la Nación cada ocho años desde 2001. Se siente por sobre todas las cosas un militante peronista y no ha dudado en pedir favores a los jueces por sus compañeros. “Siempre dentro de la ley”, aclara sabiendo que en su caso hace falta. No entiende a su gran amigo Miguel Pichetto pero lo sigue queriendo igual porque la amistad es así. Para Fernández los de adentro le tendieron una trampa, en la que cayó y por eso está retirado. Ver para creer.

- ¿Se retiró?

JF: Sí, hace tiempo, en 2013, por cuestiones de salud. Si no, iba a explotar. Me hicieron mucho mal los de adentro, que piden favores, después hablan con los periodistas y cuentan mentiras.

Cuando el ex ministro de Justicia Rodolfo Barra y el ex supremo Adolfo Vázquez lo introdujeron a Fernández en ese laboratorio donde se mezclan causas judiciales, negocios y carpetazos, la lengua política era la del menemismo; el código, el del espionaje interno. Apenas superaba los treinta años y si algo entendió pronto es que el poder nunca es en sí, siempre es relacional, aunque la mayoría se nuble y se crea fugazmente todopoderoso. Fernández construyó el suyo con la información que le facilitaba Jaime Stiuso, histórico director de Operaciones de la agencia de inteligencia. Entre ambos domesticaron a la mayoría de los jueces federales.

Pero no alcanzaba, necesitaban también a los estudios de abogados. Ahí apareció el radical Darío Florian Richarte, socio de Diego Pirota y ex Señor 8 durante el delarruismo. Sus detractores lo llamaban el “señor de los aparatitos” por su afición a pinchar los teléfonos de los políticos de su propio partido. Hoy, cuando todo parece haber volado por el aire, Fernández no sale de su casa salvo para jugar al tenis en Villa Urquiza, mientras Stiuso entra y sale del país. Richarte y Pirota lograron guarecerse bajo el ala de Angelici: el primero es vicepresidente tercero de Boca hasta diciembre de 2019, mientras que su socio ocupa una silla en el Tribunal de Disciplina de la Conmebol.

A modo de balance, Fernández tiene una certeza: “La culpa es de los propios políticos. Los problemas políticos se deben arreglar en el Congreso o en la Casa de Gobierno, no en la justicia. Todo empezó con el caso Yabrán-Cavallo”.

 

la pirámide

En Comodoro Py los jueces federales se clasifican según el momento en que asumieron. Están los que fueron ungidos por el menemismo y están aquellos que lo hicieron después. Se manejan con códigos sensiblemente diferentes. En otras palabras: miden de manera distinta la lealtad con quienes fueron sus mentores. Javier Fernández mamó de esa ubre. Tiene una metáfora para decirlo: “me mantengo dentro de la pirámide”. La pirámide es la estructura de poder del que manda. Se sabe que en el peronismo el que manda es el que gana y él es orgánico. Será por eso que no pierde tiempo en remilgos para admitir que habló con jueces para pedir por sus amigos peronistas acusados. No obstante, hace una salvedad: los que firman son los jueces. Hay mucho lobby, no de nosotros sino de los propios jueces, de los fiscales y de los abogados. Entonces, hay que demonizar a alguien para que ese sea el centro, y se tapen algunas otras cosas.

- En una nota se definió como un “soldadito peronista”. ¿Qué significa?

JF: Yo no me definí como soldadito peronista, no nos equivoquemos. Trabajo siempre en la pirámide y no me voy del partido ni cambio de partido. Soy un militante peronista, como lo fue toda mi familia. Soy peronista de derecha.

- ¿Qué es ser peronista de derecha en el siglo XXI?

JF: ¿Perón era de derecha?

- Era alguien que se movía pendularmente según las circunstancias.

JF: Está contestada la pregunta.

El 29 de octubre de 2001, Fernández asumió como auditor en la Auditoría General de la Nación, donde lleva tres períodos. En todas las oportunidades fue electo por unanimidad, salvo en 2017 cuando apenas hubo dos abstenciones. Para él, eso significa que el sistema lo respeta; para otros, que todavía le temen. En simultáneo ascendieron también sus hermanos, Sergio y Claudio. El primero se convirtió en juez de la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal, e integrante del Tribunal de Disciplina de la AFA. Mientras el segundo escaló hasta Secretario de la misma Cámara, pero en 1997 renunció cuando Central Puerto –compañía orientada al mercado energético nacional e internacional– denunció que un amigo suyo le había pedido dos millones de dólares para resolver a su favor un expediente.

Fernández creció entendiendo que para convertirse en una ficha importante del tablero político-judicial no le alcanzaba con sus contactos políticos, sino que debía sumar a agentes de inteligencia y estudios de abogados baqueanos en los despachos de Comodoro Py y también fuera de ese lodazal.

- Durante una parte importante del kirchnerismo, algunos jueces y analistas señalaron que usted formó parte de una estructura cuyo objetivo era hacer lobby en la justicia.

JF: Hay mucho de fantasía. En todas las épocas hubo gente. Los (Jorge y Hugo) Anzorregui en los noventa, pero no eran solamente ellos, también estaban Elías Jassan, Carlos Corach, Eduardo Bauzá y muchos otros. Lo mismo con De la Rúa. Mientras no extorsiones a ningún juez, entre los poderes tiene que haber diálogo. Puedo hablar porque tengo muchos amigos que me quedaron de la época de Barra, también muchos amigos que han sido designados jueces.

- ¿Quién es el Javier Fernández del macrismo?

JF: Están todos bastante bien escondidos, pero podrías averiguar si no fue (el abogado de Macri, Alejandro) Pérez Chada a hablar con un camarista para pedir que meta preso a (Jorge) Brito. Hasta lo dijo Eduardo Feinmann, que es macrista. También están Pepín (Rodríguez), (José) Torello.

- ¿Angelici?

JF: El Tano, como (Elisa) Carrió le pegó mucho de entrada, creo que se asustó. Tiene amigos, como pueden tener muchos. Hay más operaciones entre los jueces y los fiscales que de los operadores. Por ejemplo, Julio Saguier es un operador que quiere nombrar jueces. Garavano está casi todos los días ahí viéndolo.    

- ¿Y Stiuso y Richarte?

JF: Con Stiuso somos amigos pero no nos vemos hace mucho, desde que volvió de Estados Unidos. Él puede decir cualquier cosa pero fue así. A Richarte lo conozco desde hace muchos años. Uno no solo tiene amigos peronistas. A veces son más fieles los amigos radicales que los de mi mismo partido.

- Alberto Fernández contó una anécdota sobre la extorsión que ejercía Richarte sobre un exalumno suyo que quería presentarse en un concurso para ser juez. ¿Escuchó sobre ese tipo de prácticas?

JF: Conozco a Darío y no es ese tipo de gente. Si Alberto Fernández dijo eso, tiene que presentar la denuncia. Si no se puede decir cualquier cosa. No hablo de la gente sin tener pruebas.

test de los cinco

En la última década aconteció un hecho muy importante del cual sólo se mira la superficie: el Memorándum de entendimiento con Irán. No importa el prisma que se elija para ver el conflicto, lo relevante es la implosión de la alianza entre la presidenta Cristina Fernández y el espía Jaime Stiuso. El impacto fue tal que se llevó puesto a Javier Fernández. Nada volvió a ser igual. Dicen que la gota que colmó el vaso de Cristina fue cuando se dio cuenta que su espía amigo, Paco Larcher, jugó para Sergio Massa en las elecciones de 2013. Como quiera que sea, el carro de JF comenzó a moverse con tracción a sangre.

Habían pasado dos años desde que un Ford Ka se detuvo, el 5 de octubre de 2011, junto al auto del auditor y gatilló en tres oportunidades. Tiempo después, Stiuso iba a relacionar el ataque con el asesinato del agente de inteligencia Pedro “el Lauchón” Viale, quien murió a manos de la Policía Bonaerense el 9 de julio de 2013, y también con la muerte del fiscal Alberto Nisman el 18 de enero de 2015. De eso se agarró para justificar su radicación en Estados Unidos.

Sin embargo, hay un hecho que no debe pasar desapercibido: en 2013 Cristina impulsa la reforma judicial. Fernández asegura que le llegó a advertir a la expresidenta que la ostentosa “democratización de la justicia” sería bochada. No lo dice pero cree que el cerco que la resguardaba le jugó en contra, perdió sensibilidad política y atropelló ciegamente. No lo dirá pero el apuntado es Julián Álvarez, el fallido viceministro de Justicia.

JF: Le dije a la presidenta que iba a ser inconstitucional. Ella me dijo que no. Pero lo que hizo fue unir a todos en la corporación judicial. Estuvo mal asesorada.

- ¿Por qué cree que avanzó de todas maneras si la reforma solamente era apoyada por el cristinismo duro, y, a la vez, se habían alineado la oposición y la corporación judicial?

JF: No hay que meterse en los poderes. Tenés que dialogar. Siempre digo que antes de hacer algo tenés que tener en tu entorno a cinco personas de diferente pensamiento. Hasta que esas cinco personas no se ponen de acuerdo, no podés mandar algo en caliente. La política no es para la gente que se pone nerviosa y es caliente.

- ¿Cristina actuó en caliente?

JF: No, fueron otros actores que la hicieron actuar así vendiéndole soluciones mágicas.

- ¿La Cámpora?

JF: Alguna gente de La Cámpora. En La Cámpora hay gente que es excelente. Pero hay otros que se equivocan.

- ¿Se anima a decir algún nombre?

JF: No, porque se lo dije a ellos en la cara.

- ¿Qué le respondieron?

JF: Que tenía razón. Yo, como buen asturiano, digo todo en la cara. Eso me juega en contra. Hay que leer a Nietzche y ser más cínico.

 

los cuentrapropistas

Un juez federal porteño de la segunda camada, la que no lleva la marca de los nombramientos menemistas, se reclina sobre un sillón forrado con cuero negro y sostiene su mentón con el nudillo del dedo índice. No medita, duda. Se acerca al grabador, lo mira fijamente y confirma que está apagado: “No eras juez ni fiscal federal con Néstor Kirchner y menos con Cristina si no arreglabas con este muchacho y su subordinado, Stiuso”, recuerda.

El ABC para ser nexo entre el Ejecutivo y los jueces es la confianza y los códigos, dice Javier Fernández. Se olvida de la trama que incluye a medios de comunicación, sector que lo tuvo como socio de Daniel Hadad primero, y como prestamista de Sergio Szpolski después (un affaire que los trabajadores de Tiempo Argentino llevaron a la justicia e incluye sospechas de lavado de dinero provenientes de la AFI). Las plataformas multimediáticas son herramientas claves a la hora de amedrentar a quienes visten toga y comen y veranean en lugares exclusivos.

Cuando el macrismo desorganizó los puentes de diálogo con los jueces y entre los magistrados empezaron a hacer referencia al cuentapropismo reinante, circuló la versión de que el todavía presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, de la cepa peronista de Rafaela, había levantado el teléfono para pedirle a JF que pusiese las cosas en su lugar. El auditor rechazó el rumor pero admitió que había conocido al Supremo por intermedio de la jurista santafesina Claudia Levin: “Me quiso dar una tarjeta, y le dije que no, que cuando necesite una reunión, se la voy a pedir a la persona que me trajo”.  También reconoció que participó de un encuentro con Horacio Rosatti, quien lo llamó para agradecerle sus servicios.

Con Cambiemos en la Rosada, nada volvería a ser igual. No había un interlocutor válido, como podía ser el ministro de Justicia, Germán Garavano, sino una decena de personas que se presentaban en los despachos con mensajes del Ejecutivo. Brotaban de todos lados, el hermetismo anhelado estaba hecho trizas. Muchos magistrados, fiscales y abogados acostumbrados a la rosca peronista desde la década del noventa pensaron que el problema era la inexperiencia. Para Javier Fernández se trataba de una venganza.    

JF: Este gobierno rompió los códigos. Usaron la corrupción, tratando de meter presos a todos, como una comidilla. Hay que respetar el proceso y el derecho a estar libre. Cambiaron jurisprudencia, se inventaron causas.

- Si fue así, ¿por qué los jueces no los frenaron?

JF: Algunos jueces y fiscales no se animaron a decirle que no, son cobardes. Si no se pueden aguantar las presiones, no se puede ser juez.

- ¿Y el Consejo de la Magistratura?

JF: Si durante el kirchnerismo se hubiera hecho la mitad de las cosas que se hicieron en el Consejo de la Magistratura durante estos años, sería tapa de todos los diarios y los estarían matando. Nombraron jueces de Casación sin que hayan rendido concurso, el traslado de jueces de tribunales orales a camaristas federales... el Consejo de la Magistratura se salva porque hay políticos pensantes.

Fernández asegura que si le pedían que influyera para que alguien vaya preso, los escupía: “No cuenten conmigo para eso”.

- ¿Nunca lo consultó el macrismo?

JF: Sí, pero me parece que son gente muy soberbia.

- ¿Con quiénes charlaba?

JF: Y… yo soy de Boca.

- ¿El Tano respetó los códigos?

JF: El Tano tiene muchos códigos, viene de otra cosa. Pero no confundamos lo que son los códigos, para que no parezca una cosa mafiosa. En este país sos presidente y cuando terminás tu mandato recorrés todos los pisos de Comodoro Py. Es parte de la judicialización de la política.

mano a mano

A Fernández le duelen los peronistas que repiten lo que él considera una fábula. Por eso dice que Néstor Kirchner le dejó una enseñanza valiosa: “Yo trataba directamente con Néstor Kirchner. A Alberto no sé si lo vi en algún momento cuando era jefe de Gabinete. Néstor me enseñó que lo que se hablaba entre dos personas quedaba ahí. No tiene que haber tres o cuatro personas porque sino siempre hay un traidor”.

A los 66 años, está en pose. Lo sabe y no lo disimula, que las señales de humo no tardarán en aparecer.

-Como peronista, ¿qué piensa de la decisión de Pichetto de acompañar a Macri?          

JF: Es un muy buen amigo desde hace mucho. Lo respeto pero no estoy de acuerdo. Desde hace rato se perdieron los códigos en la política. Yo nunca me fui del peronismo, juzgo con mi ejemplo. Hay que mantenerse en la pirámide y el que gana es el jefe.

- El que gana manda. ¿Cómo sería en este caso?

JF: Cristina tuvo un gesto extraordinario y eligió a Alberto, pero ella tiene los votos.

- ¿Hace cuánto no habla con ella?

JF: Con todo lo de Cuba, hace tiempo. A fines del año pasado o este, no lo recuerdo bien.

- Si lo convoca Alberto para ser el vaso comunicante con Comodoro Py, ¿qué le responde?

JF: Alberto está uniendo al peronismo, que es algo que pedimos hace rato. Le diría que no, sigo en la Auditoría. Ese tipo de cosas me hicieron mucho mal. Tomo dieciseis pastillas entre la presión, el colesterol y demás. Se dicen muchas mentiras, y las mentiras quedan.

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