el desmembramiento | revista crisis
manifiesto / en la unidad yace la fuerza
el desmembramiento
Fotografía: Emiliana Miguelez
22 de Marzo de 2019
crisis #37

 

Argentina está inmersa en un intenso proceso de descomposición institucional. La fractura que carcome los cimientos materiales y simbólicos de la sociedad asoma en todas las instancias de la vida en común, y la torna inviable.

Ya no se trata solo de un problema económico, aunque la cesión de soberanía sobre nuestra moneda y sobre los resortes financieros claves del estado en manos de un organismo foráneo, inhibe cualquier posibilidad de recobrar un horizonte de crecimiento, maniatando las energías productivas de la población.

Ya no se trata apenas de una división política que se vuelve agónica e impide la construcción de consensos perdurables sobre el rumbo que debe tomar el país. La grieta, como estrategia para politizar el desmembramiento a partir de la polarización, ahora se vuelve fractal y se viraliza.

El país ingresa al decisivo proceso electoral 2019 con los mismos protagonistas que se batieron en 2015, pero en un contexto más degradado. Como en aquella oportunidad, la justicia se torna territorio de disputa y saltan los fusibles, de Nisman a D´Alessio, exhibiendo a la vista de todos la trama fétida de la verdadera arquitectura institucional de la Nación.

Si “los cuadernos” de Centeno y el affaire de los aportantes truchos evidenciaron la corrupción del financiamiento de la política, las revelaciones del juez Ramos Padilla en el Congreso confirman que el sistema republicano carece de anticuerpos para detener la gangrena (y de los medios de comunicación, mejor ni hablemos). Todo lo contrario: el problema está en la naturaleza misma de la democracia contemporánea.

El modus operandi revelado por la contracausa de Dolores muestra un promiscuo e ilegal anudamiento
entre célebres funcionarios judiciales, heroínas de la transparencia y la moral pública, premiados periodistas de investigación, prósperos comerciantesde la industria armamentística y agentes de inteligencia de la principal potencia global, en una bacanal de espionaje y extorsión de signo mafioso.

Como sucedió con los bolsos de José López, la información secuestrada en el allanamiento a la casa de D´Alessio le pone rostro a lo que era una intuición difusa. Y aunque lo real vuelva a superar la imaginación, se trata de algo que en cierto modo ya sabíamos; y no puede decirse que haya comenzado ayer. No vale entonces escandalizarse. Hay que pensar soluciones de fondo. Porque lo verdaderamente difícil hoy es resistir el cinismo que emana desde cada poro de la coyuntura.

El país ingresa al decisivo proceso electoral 2019 con casi los mismos protagonistas que se batieron en 2015, pero en un contexto más degradado. Como en aquella oportunidad, la justicia se torna territorio de disputa y saltan los fusibles, de Nisman a D´Alessio, exhibiendo a la vista de todos la trama fétida de la verdadera arquitectura institucional de la Nación.

 

enfriar la antipolítica

La ruina del gobierno nacional se manifiesta en todas las líneas. Sin argumentos de gestión, sin posibilidades de renovar un discurso que se demostró falaz, envueltos en un faccionalismo que recién comienza, todas las fichas oficialistas están puestas en el marketing político y en la impericia de los opositores.

La expresidenta ya mostró una de sus principales cartas: la unidad del peronismo como objetivo. Un giro de 180 grados respecto a su anterior campaña electoral, donde el protagonismo estaba reservado a la ciudadanía de a pie y los dirigentes partidarios aparecían en un segundo plano. Esa vuelta carnero supone un retorno a los formatos más tradicionales de la política, pero le permitió sacarse de encima el cartelito del sectarismo y aislar a los machos alfas peronistas en sus posturas proscriptivas. Impecable en la dimensión táctica, el movimiento de CFK quizás sea el reconocimiento de una fragilidad que va en aumento. La suya es “una soledad tan concurrida” que casi no tiene margen de maniobra. En los términos de Maquiavelo, su destino depende cada vez más de la fortuna, mientras se encoge el espacio para la virtud.

Luego de las elecciones en Neuquén aparecieron indicios de que la polarización puede comenzar a ceder. La candidatura de Lavagna le dio mayor volumen a un tercer espacio, especialmente por el apoyo que concita en un establishment fastidiado con Macri. Pero aún deberá refrendar en las encuestas su posibilidad real de colarse en el balotaje, para conseguir el apoyo del justicialismo federal y de un sector importante del radicalismo. De conseguirlo, el exministro de Economía estaría introduciendo una anomalía llamativa en el sistema, un anacronismo, consistente en “enfriar la política” y detener el tiempo para iniciar una transición... de regreso al siglo veinte.

Sin opciones que enamoren o aviven una esperanza de futuro, el escenario electoral parece atascado y el desmembramiento puede agudizarse. Con independencia de quien logre finalmente llegar al poder en diciembre, incluso si ese desenlace no nos da lo mismo, crece la sensación de que la gobernabilidad está en peligro. El correlato de este deterioro del entramado institucional es el crecimiento de un rechazo que comienza a adoptar tonalidades antipolíticas. Hay que evitar que ese descontento visceral termine abonando una deriva de fuerte contenido reaccionario. ¿Habrá lugar para un cisne negro radicalmente democrático?

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