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tucumán, el jardín del peronismo
El domingo se vota en Tucumán, quinto distrito electoral del país con un padrón de 1,2 millones de electores. El macrismo, luego de pelear la gobernación en 2015 y denunciar fraude, se encamina a una derrota contundente; mientras Les Fernández suman votos a raudales gracias a dos postulantes competitivos y un sistema de “colectoras” que multiplica por mil las candidaturas. Mas allá de las caripelas, asusta la reaparición de Bussi y la derechización transversal del sistema político.
Ilustraciones: Panchopepe
06 de Junio de 2019

Este domingo 9 de junio Tucumán elegirá gobernador, 19 intendentes, 93 delegados comunales, 182 concejales y 49 legisladores provinciales. Competirán 18.296 candidatas y candidatos: con un padrón de aproximadamente 1,2 millón de electores, habrá un postulante por cada 65 electores. Las elecciones estaban pautadas originalmente para agosto pero el gobierno provincial buscó achicar el tiempo de campaña y evitar que una profundización de la crisis económica impacte en el humor del votante. La movida le dio aire al oficialismo porque tenía la fórmula definida hacía meses, mientras que sus competidores recién empezaban a discutir candidaturas.

El candidato favorito en la mayoría de las encuestas es Juan Manzur, que junto a su actual vicegobernador Osvaldo Jaldo buscan la reelección por el Frente Justicialista. La situación política local, los resultados en otras provincias y el férreo control del aparato estatal hacen presumir que se avecina un holgado triunfo del peronismo y una nueva derrota del macrismo. Tucumán es el quinto distrito electoral del país y la única de las cinco provincias más grandes en las cuales triunfó en 2015 un candidato que apoyaba a Daniel Scioli para presidente.

El principal opositor de Manzur no será Cambiemos sino el exgobernador, también peronista, José Alperovich. La ruptura entre ambos comenzó a plasmarse en octubre del año pasado: mientras Manzur organizaba una celebración del día de la Lealtad rodeado de dirigentes nacionales no kirchneristas y convocaba a la unidad del peronismo sin Cristina Fernández de Kirchner (CFK), Alperovich publicaba una foto con CFK. Ambos son senadores nacionales y fueron recomponiendo allí su relación.

Hugo Sigman, uno de los empresarios farmacéuticos más poderosos de la Argentina, es amigo íntimo de Manzur y parte del círculo de CEOs que lo apoyó. Sigman intervino para que la expresidenta no bendiga como su candidato en Tucumán a Alperovich.

 

¿y la unidad?

Hugo Sigman, uno de los empresarios farmacéuticos más poderosos de la Argentina, es amigo íntimo de Manzur y parte del círculo de CEOs que lo apoyó. Sigman intervino para que la expresidenta no bendiga como su candidato en Tucumán a Alperovich. Lo hizo a través de Alberto Fernández, de buena relación con Manzur, quién operó de nexo con Cristina. Fue antes de que se anuncie la fórmula Fernández–Fernández.

Cuando CFK bendijo a través de Twitter  a Alberto, tanto Alperovich como Manzur se apuraron a saludarlo a través de esa red social. El único que tuvo respuesta fue el gobernador. Ayer, sobre el cierre de la campaña, Alberto dio nuevas muestras de su favoritismo cuando recibió a Manzur en el hospital Otamendi de Capital Federal donde estaba internado y luego respondió un tuit del gobernador: “Gracias querido Juan por tu visita. Espero estar muy pronto en tu tierra y que la esperanza se siga desatando en cada rincón de nuestro país. Las tucumanas y los tucumanos saben que pueden contar conmigo. El domingo gana Tucumán y en unos meses vuelve a ganar toda la Argentina”.

No fue fácil recomponer el vínculo: Cristina estaba muy enojada con su ex ministro de Salud. Fue uno de los primeros dirigentes que la dio como muerta política luego de la derrota en las elecciones de 2017 frente al macrista Esteban Bullrich. Sin embargo, ambos entendieron que se necesitaban.

Tanto Manzur como Alperovich agrupan a sectores peronistas y kirchneristas, conservadores y progresistas. Unidad Ciudadana acompaña a Manzur a través de un acople. Marieta Urueña Russo, secretaria general de SITRAJU y ex referenta de La Cámpora, va como candidata a legisladora por Alperovich. El Movimiento Evita está con el actual gobernador y Kolina con el ex. Así de enrevesada está la interna en la provincia.

El macrismo, en Tucumán, no garpa. El fracaso del Plan Belgrano, las denuncias de corrupción contra el diputado José Cano y la mala situación económica del país redujeron sus posibilidades de llegar al gobierno. Por eso, el nuevo eje de campaña fue crear un clima de fraude electoral.

 

cambiemos no existe

En Tucumán, Cambiemos no se llama Cambiemos. Se llama Vamos Tucumán (en 2015 era Acuerdo para el Bicentenario) y lleva de candidata a Silvia Elías de Pérez, ferviente militante antiderecho. Elías de Pérez se posicionó contra el matrimonio igualitario, contra el aborto legal, contra la educación sexual integral en las escuelas e hizo de esa militancia su eje de campaña. Fue elegida a partir de las encuestas que maneja el propio macrismo y que la daba por arriba de otros candidatos, como Alfonso Prat Gay, José Cano y el ex intendente de San Miguel de Tucumán, el antes kirchnerista Domingo Amaya.

Sus posibilidades están atadas a la reelección de Germán Alfaro como intendente de la capital tucumana. Alfaro es un dirigente peronista que rompió en el 2015 con el justicialismo y se embarcó en una alianza que incluye al PRO, los radicales, socialistas, Libres del Sur y Nueva Fuerza (una ruptura de Fuerza Republicana, partido fundado por el genocida Antonio Domingo Bussi).

Se descuenta que Alfaro derrotará al candidato de Manzur, el presidente del Club Atlético Tucumán en uso de licencia, Mario Leito. La incógnita está en cuanto le afectará la mala imagen de Mauricio Macri en la provincia. Toda su campaña fue orientada a despegarse del gobierno nacional. Sus contrincantes, por el contrario, se lo recordaron en cada ocasión que pudieron. El macrismo, en Tucumán, no garpa. El fracaso del Plan Belgrano, las denuncias de corrupción contra el diputado José Cano y la mala situación económica del país redujeron sus posibilidades de llegar al gobierno. Por eso, el nuevo eje de campaña fue crear un clima de fraude electoral, aupados en el antecedente de 2015. En aquél momento la elección se dio en un marco de mucha violencia, protestas masivas en la Plaza Independencia, presentaciones para solicitar la nulidad de las elecciones, acampe justicialista frente a Tribunales y un fuerte cuestionamiento del sistema de acoples. La crisis política abierta puso al justicialismo local contra las cuerdas y fue fundamental para la derrota de Daniel Scioli en las presidenciales.

el fascismo regurgita

Algunas encuestas sitúan a Ricardo Bussi, actual concejal por la capital tucumana y candidato a gobernador de Fuerza Republicana, segundo en intención de votos. Con un discurso demagógico y violento, basado en lemas como “basta de inseguridad”, “preso que no trabaja, preso que no come” y el pedido de poner al ejército en las calles, comenzó a transformarse en un polo de atracción para sectores antiperonistas desencantados de Mauricio Macri.

Ricardo Bussi fue legislador desde el 2007 hasta el 2015. Mantuvo, durante ese período, una relación amable con el alperovichismo a quién le servía su existencia para debilitar a la UCR o posibles agrupamientos opositores. Manzur mantuvo el mismo esquema de colaboración con el bussismo. El encargado de sostener esa relación fue y es el vicegobernador Osvaldo Jaldo. Como prenda de unidad, los legisladores oficialistas sostuvieron la posibilidad de postularse para una doble candidatura: Bussi, además de candidato a gobernador, va por una banca en la Legislatura.

El ascenso del hijo del genocida se explica por varios factores: el apoyo del oficialismo que intenta que el voto antiperonista derive hacia allí y no lo capitalice Cambiemos; las propuestas demagógicas sobre inseguridad que convencen a sectores que quieren mano dura ante la grave situación social; reivindica un discurso antipolítica a pesar de ser funcionario público desde 2003;  se inscribe así en la oleada derechista que recorre América Latina y parte del mundo.

Pero su solo resurgimiento como fuerza política revela el corrimiento general hacia una matriz antidemocrática, violenta y clasista, con la que los principales candidatos confluyeron. El peso del conservadurismo eclesiástico y las posturas antiderecho dominantes en la población tucumana posibilitaron una campaña donde los principales aspirantes a la gobernación no hicieron grandes esfuerzos en diferenciarse ideológicamente.

 

¿y el progresismo?

En el rango de la centroizquierda se encuentra el radicalismo agrupado en Evolución para la Democracia Social, que tiene como referente nacional a Martín Lousteau. En Tucumán su candidato es Ariel García, legislador de buena relación con el vicegobernador de la provincia Osvaldo Jaldo, junto a Tatá Pisarello, hija de un histórico dirigente radical víctima de la dictadura militar.

El Frente de Izquierda y los Trabajadores lleva de candidato a Ariel Osatinsky, ex secretario general de ADIUNT –gremio de la docencia universitaria–, junto a Mercedes Lizondo, dirigente de docentes medios. La principal apuesta del FIT es ocupar por primera vez cargos legislativos. Pero no lograron cerrar acuerdos con el Movimiento Socialista de los Trabajadores que lleva la única fórmula compuesta por dos mujeres: Lita Alberstein y Mónica Barrera, obstetra y militante por el aborto legal.

En los últimos tiempos las calles de Tucumán no estuvieron calmas. Desde las movilizaciones feministas hasta las luchas de movimientos sociales y desocupados, los sectores progresistas intentaron imponer su propia agenda política. El caso de Lucía, la niña de 11 años embarazada producto de una violación y a la que el Estado le obstaculizó el acceso a la Interrupción Legal del Embarazo, fue el clímax de esas disputas. La niña fue finalmente obligada a parir y ningún funcionario resultó exonerado por vulnerar sus derechos. Pero el corrimiento a la derecha del sistema político fue la puerta de entrada a discursos conservadores, regresivos y represivos que dominaron el debate público.

Algunas encuestas sitúan a Ricardo Bussi -hijo del genocida y de fluida relación con Jaldo- segundo en intención de votos. Con un discurso demagógico y violento, comenzó a transformarse en un polo de atracción para sectores antiperonistas desencantados de Mauricio Macri.

 

las intendencias

Una parte de la atención estará puesta en algunas intendencias con importante peso específico. En Tafí Viejo, una de las principales ciudades de Tucumán, el actual intendente Javier Noguera hizo una gestión eficiente, moderna y progresista, algo inédito en la provincia. Es quizás el dirigente con mayor perfil kirchnerista y camina hacia la reelección, lo que lo posicionaría en un lugar de privilegio con miras al 2023. 

Una de las intendencias más disputadas es la de Famaillá, la ciudad de la réplica. Y de los mellizos Orellana. Allí buscará renovar Patricia Lizárraga, ex esposa del legislador Juan Enrique Orellana, quien junto a su hermano José, actual diputado nacional, dominaron la ciudad durante las últimas dos décadas. Manzur designó a Lizárraga como su candidata oficial pero José Orellana también competirá acoplado a la lista del gobernador. La tracción de votos de acoples es una de las grandes apuestas del gobernador para su reelección: irá como candidato en 45 boletas distintas a lo largo y ancho de toda la provincia.

Por su parte, el radicalismo pone en juego tres intendencias: Concepción, Bella Vista y Yerba Buena. El resto de los administradores municipales que buscan ser reelectos son manzuristas, salvo Sergio Venegas, de Alderetes, quién anunció su apoyo al ex gobernador y comenzó a sufrir una fuerte presión por parte del oficialismo.

 

de derrotas y triunfos

Si queda cuarto como indican algunas encuestas, el macrismo estaría padeciendo una debacle sin precedentes, pues hace apenas cuatro años cosechó casi el 40% de los votos en Tucumán y estuvo cerca de conquistar la gobernación. Cambiemos se anotará así su décima derrota electoral en lo que va de 2019, mientras la fórmula Fernández-Fernández casi seguro se va a abrochar una nueva Provincia camino a octubre.

Sin embargo, una peligrosa simbología represiva atraviesa a las fuerzas políticas dominantes. El gobierno provincial, con el apoyo de la mayoría absoluta de los legisladores y las legisladoras, declararon a Tucumán territorio Provida en medio del debate por la legalización del aborto. Manzur participó junto a Elías de Pérez y Bussi de una marcha “por la vida” convocada por la Iglesia católica.

Se cumplen en estos días cincuenta años de El Tucumanazo, un levantamiento obrero-estudiantil que conmovió a la Provincia en 1969. Ni un acto para homenajearlo, ni un artículo para recordarlo. La fragilidad de la memoria parece condenar a Tucumán a repetir viejos errores, dejando que las semillas ideológicas plantadas por la última dictadura militar germinen en democracia. Y esa es una derrota popular que no debemos minimizar, mas allá del resultado de las urnas el próximo domingo.

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